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EPILOGO: “YOU KNOW IT WILL ALWAYS JUST BE ME”

-¿Qué? ¿Por qué? – preguntó Alice. Y mientras se iba hacia la cocina, arrastrada por el agarre de Emily, Alice moduló: “Te salvó la campana, amigo”, luego se llevó los dedos mayor e índice a cada uno de sus ojos (con la mano libre) y me señaló.
-Alice, tienes problemas… - dije en voz baja. Me acerqué a la puerta de la cocina (que estaba abierta), y me quedé bien cerca para escuchar la conversación que las dos mujeres estaban llevando.
-No puedes estar hablando en serio, Emily… – escuché que Alice decía.
-¡Te lo juro! Fue de repente, como si en verdad siempre hubiese estado convencida de ello. – Contestaba Emily.
-Recuérdame que tengo que reclamar mi derecho a golpearte cuando todo haya acabado – Alice siempre había sido tan cariñosa.
No comprendía sobre qué hablaban, pero estaba completamente seguro que no quería saber nada de ello. Las conversaciones de las mujeres suelen ser muy complicadas. Y si mezclas a Alice en le medio, te da una combinación explosiva. No, gracias.
-¿“Cuando acabe”? ¿Qué quieres decir? – cuestionó Emily.
-Ay, por Dios, no puedo seguir viviendo así… – dijo Alice saliendo de la cocina, poniendo sus ojos en blanco.
Me pasó volando por al lado, y se fue derecho hasta su habitación; haciendo un ruido tremendo arrastrando su valija por el suelo. Vale la pena agregar que rayó todo el parqué. Shane se iba a enojar un poco (mucho) por eso.
-Lamento haber actuado como una idiota, siempre – dijo Emily saliendo de la cocina.
-¿A qué te refieres con “siempre”? – cuestioné.
-Me refiero a cómo pude estar tan ciega para no darme cuenta – contestó – Quiero decir, ¡me gustaba Ryan! ¡Por Dios! ¡¿Qué le vi?! – se preguntó riendo.
-Ryan es interesante cuando recién lo conoces – comenté sin saber qué decir.
-¿Te enamoró a ti también? –
-No es eso a lo que me refería, yo-
-Ya lo sé, Brendon. Estaba bromeando – sonrió con ganas – Es increíble que no me haya percatado. Era tan obvio; estuvo todo el tiempo delante de mí, y nunca lo vi… -
Entonces caí. Sí, Emily definitivamente se había dado cuenta que yo sentía algo por ella. Y ahora me tenía lástima. Por eso me había mandado a buscar a Alice y me hablaba ahora como si nada hubiese pasado.
-Soy un idiota – dije en voz alta.
-¿Y tú por qué? – inquirió Emily.
-Por nunca decirte cuánto te aprecio realmente – dije finalmente mirándola a los ojos.
-Pero, si me lo dices todo el tiempo, Bren. Somos amigos, ¿no? – dijo Emily.
-No entiendes Emily, yo de verdad te quiero, siempre, yo… - ella torció la cabeza como un cachorrito a quien alguien está intentando explicarle que no debe masticar las patas de las sillas.
-¡Ay por Dios! – grito Alice mientras entraba en la habitación – ¡Emily, no reconocerías una indirecta aunque bailara desnuda con un aro de ula-ula enfrente tuyo! – dijo parándose delante de ella, dándome la espalda.
Emily la miró sin comprender. Creo que fue la metáfora la que la perdió.
-¡Mujer! Mi amigo Brendon, aquí, te está diciendo que te ama. Pero no es lo suficientemente valiente para usar ese verbo. Ya sabes, no se llama “Boyd” por nada… - dijo señalándome.
-Gracias, Alice. Eres de verdadera ayuda – comenté por lo bajo.
-Cuando quieras – contestó ella.
-¡Ay, ya vete! – dije empujándola.
Alice se fue del living, y cuando volteé para volver a enfrentar a Emily, ella rodeó mi torso con sus brazos.
-¿Qué sucede? – pregunté abrazándola también.
-Brendon… - dijo enterrando su rostro en mi pecho.
No dije nada, sólo la abracé con más fuerza.
-Si tu fuiste un idiota por no poder decirme... – se detuvo un segundo – que me amas – agregó bajando un poco la voz - ¿Qué soy yo entonces? Si nunca noté que todo lo que siempre quise estuvo a mi lado… -
-Todo pasa por una razón, ¿no? – dije separándome un poco de ella, para poder mirarla.
-Claro – contestó dirigiendo su mirada al suelo entre nosotros.
Tomé su rostro por la barbilla para obligarla a mirarme.
-Te amo -
Sus mejillas estaban pintadas de un rojo chillón, y de lo cerca que estábamos podía escuchar los latidos de su corazón agitado. Claro que yo no estaba en una situación muy diferente. Por un momento me dejé llevar por sus ojos verdes, que comenzaron a acercarse más y más. Sé que no es lo que esperaban, pero así sucedió. Ella me besó a mí. En un momento estaba nadando en ese mar verde cristalino, y en el otro estaba perdido entre sus dulces labios.

CAPITULO 36: “BUT IT’S BETTER IF YOU DO”

-Sabía que estarías aquí – dije sentándome a su lado.
-¿Cómo me encontraste? – cuestionó sorprendida.
Luego del pequeño episodio con Emily salí corriendo en busca de Alice. Una vez más había tomado prestado el auto de Shane, y sin saber muy bien por qué lo hacía, buscaba a Alice por doquier. La expresión de Emily había quedado grabada en mi rostro.
“¿Cómo es que ahora me pide que vaya tras ella cuando hace menos de cinco minutos la odiaba?”, esa pregunta era todo en lo que podía pensar en ese momento. Había algo en la actitud de Emily que no cerraba. Probablemente era muy sencillo y obvio, pero de alguna manera no podía verlo. Tal vez lo estaba negando. Negar lo obvio es muy típico en mí en momentos de frustración. De todos modos yo sentía que ella se había dado cuenta de algo que ella misma había estado negando hace demasiado tiempo. Me atreví a pensar que tal vez ella sentía algo por mí. Sin embargo, no le di muchas vueltas al asunto. Ya saben, no me gusta ilusionarme.
Había andado demasiadas calles como para recordarlas, cuando de repente me iluminé y presentí dónde podría llegar a estar Alice en esos momentos. Así como mis pies me condujeron ciegamente hasta la playa, mis manos manejaron el volante del auto de Shane hasta la plaza principal. La cual estaba demasiado cerca de nuestra casa como para que yo la hubiese pasado por alto de la manera en que lo hice.
Cuando llegué allí estacioné el auto en el primer lugar vacío que encontré y me bajé de inmediato.
Por un rato vi la escena que se desarrollaba en el poblado parque. Niños y niñas correteando por todos lados; volviendo locas a sus madres. Cerré los ojos un minuto para imaginarme en dónde podría estar Alice exactamente; entonces los gritos de decenas de felices chicos llegaron a mis oídos, y recordé: Alice odia los niños. Me reí con el sólo hecho de imaginarme a Alice maltratando pequeños por preguntarle si podía alcanzarles la pelota que había caído cerca suyo.
Abrí los ojos y lo ví. Había un asiento, cruzando todo el parque, que estaba bien alejado del lugar en el que más se concentraba la masa de infantes. Sin pensarlo mucho más me dirigí hasta allí directamente. No sin recibir, no obstante, unas cuantas patadas de tres chicos que se peleaban por ver quién sostenía por más tiempo al cachorrito que una mujer llevaba atado a una correa.
Cuanto más me acercaba al banco, más constataba que se trataba de nadie más ni nadie menos que Alice.
-Nunca supiste cómo esconderte – dije en voz baja. Creí que no me escuchó, debido al ruido ambiente.
Estaba realmente sorprendida de verme allí, sentado junto a ella.
-No fue muy difícil saber dónde estarías –
-No es que no sepa cómo esconderme – se defendió.
-¿Me oíste, entonces? – inquirí frunciendo el ceño.
-Aunque es bastante cierto – agregó. – Sólo quería un lugar tranquilo para pensar la mejor manera de convencer a Emily que en el fondo no está tan enojada conmigo como ella cree… - dijo estirando sus piernas y cruzando una por encima de la otra, mirando la población del parque.
-Ella no está enojada contigo – dije imitándola y cruzándome de brazos.
-¿Qué quieres decir? – preguntó volviendo su mirada hacia mí.
-Ella misma me envió a buscarte – contesté – Aunque no sé por qué lo hizo… - agregué sin saber que lo estaba diciendo en voz alta.
-Hay una sola manera que ella haga eso… - dijo Alice.
-¿De qué hablas? – cuestioné.
-Sí, es la única manera… - dijo Alice poniendo su cara pensativa - ¿Le dijiste de una vez lo que sientes por ella? – preguntó.
-No – contesté con miedo.
-¡Brendon! – me gritó.
-¡Lo siento! – me defendí sin saber qué otra cosa decir.
-No importa ahora. Entonces… No… No lo sé. Estoy… - dijo pasándose ambas manos por el cabello.
-¿Perdida? Porque yo me perdí hace rato – contesté. Alice sonrió, espero que ante mi comentario.
-Mira, Brendon: no tienes demasiado tiempo. No puedes seguir evitando decirle la verdad a Emily – dijo enfrentándose a mí.
-Lo haces sonar como si hubiese arruinado su proyecto de ciencias – comenté.
-¿Cómo si qué? – preguntó Alice frunciendo el ceño.
-Nada, olvídalo – dije rechazando su pregunta con una floritura de la mano. Me quedé un rato mirando la nada.
-En serio, Bren- comenzó, pero la interrumpí.
-No tienes idea lo difícil que se me hace – dije, frustrado.
-Sí lo sé, Boyd – me quedé esperando a que comience a contar la historia, pero sólo se quedó callada.
-¿Qué te pasó a tí? – pregunté intentando hacer que me cuente algo.
-Esto no es sobre mí – dijo negándome la entrada a su vida amorosa.
-Lo dices como si fuera a escribir un libro, Alice – le dije.
-Tal vez lo hagas – comentó desafiante.
-Ay, por Dios. No seas ridícula – le contesté riéndome.
-¡Por qué no! – cuestionó.
-Apenas puedo escribir música, ¿quieres que escriba un libro? – pregunté sorprendido.
-No, bueno, yo… Eso no es importante ahora – dijo volviéndome a mi triste realidad. – Tienes que confesar, Brendon. Confiesa – dijo de manera amenazante.
-Pero es que… - me quejé.
-Basta de “peros”, Urie. ¡Pareces un niño que no quiere comer sus verduras! – dijo a medio reír.
-¿Cómo lo hago? – pregunté, desde ese mismo momento comenzando a ponerme nervioso.
-Te lo contaré de camino a casa, ¿de acuerdo? – contestó levantándose del asiento y tomando su pequeña valija repleta de cosas.
En el trayecto hasta el auto unos niños se nos pasaron por delante. Alice golpeó uno, pero por suerte, nadie lo notó. Nadie, menos yo y el niño. Pero era la palabra de las madres contra la nuestra. Y no teníamos demasiado tiempo para luchar. Así que simplemente hicimos el resto del camino hasta el auto corriendo.
-¡Eres malvada! – le dije mientras me subía al asiento del conductor luego de haber guardado la valija en el baúl.
-Él se metió por dónde no debía. Es más, tendría que haber tirado de las trenzas de esa niña, me miró con odio, ¿quién se cree? – me contestó molesta.
-Ay, Alice… - dije solamente, riendo.
Encendí el motor y puse el auto a andar. Teníamos unos buenos minutos para hablar en el camino hacia la casa, ya que teníamos unas diez calles desde el parque hasta allí aunque hubiesen sido sólo siete caminando. Por otro lado, no podía dejar el auto de Shane en cualquier lado.
No tenía recorridas ni dos calles cuando Alice comenzó a hablar.
-No pienses mucho en ello, sólo díselo – me dijo.
-He tratado hacer eso, pero tampoco puedo – contesté sin sacarle la vista de encima al camino. – Estoy condenado a quedarme con eso dentro –
-Y después dices que no puedes escribir un libro, ¡no seas tan dramático! Una vez que lo hayas dicho te sentirás mejor… - me alentó Alice.
-¿Qué pasa si ella sólo se ríe de mi? – pregunté, aunque yo mismo pensaba que esa pregunta era demasiado estúpida hasta para pensarla.
-No lo hará – dijo Alice confiada.
-¿Cómo lo sabes? – cuestioné mientras estacionaba el auto.
-Sólo lo sé – contestó ella abriendo la puerta de su lado.
Ese pequeño tramo, de alrededor de cinco metros, desde el auto hasta la puerta de calle se me hizo endemoniadamente eterno. Mi respiración se volvía más y más agitada, y sentía que mi corazón iba a estallar por la velocidad en que bombeaba la sangre.
-No puedo hacerlo – le dije a Alice parado frente a la puerta.
-Sí, sí puedes – me dijo ella tomando el pomo.
-No – agregué tomando su mano y deteniéndola, para que no abra la puerta – ¡Mírame! Estoy sudando, respiro como idiota, mi corazón se oye hasta Inglaterra, y tengo un nudo gigante en la garganta. Sin contar que estoy al borde del vómito… - dije atropelladamente, desesperado.
-En cuanto la veas a los ojos, todo eso desaparecerá. Créeme. Sólo esta vez… - dijo Alice. Y sus palabras sí me tranquilizaron. Pero por milésimas de segundo. No fue suficiente.
Aunque sí fue suficiente para desconcentrarme de evitar que ella abriera la puerta.
El living estaba vacío. Pero Emily no tardó en aparecer corriendo en el cuadro.
Cuando la vi, todo lo que había sentido mientras la puerta estaba cerrada se desvaneció. Tal como Alice había dicho. Sin embargo, había algo que no debía pasar: mi corazón se había detenido. Eso no se suponía que tenía que pasar.
-¡Alice! Tengo que hablar contigo – exclamó acercándose a Alice y tomándola de la mano.


CAPITULO 35: “GO, GO, GO…”

-Me dejaste con la palabra en la boca – fue lo primero que dijo Shane al verme atravesar la puerta.
Me quedé quieto, mirándolo. Entonces Emily salió de detrás de mí y saludó a Shane tímidamente.
-Hola… - soltó mirando al suelo.
-¿Y tú dónde se supone que estabas? – exclamó Shane – Estaba muy preocupado… -
Emily apretó mi mano, que aún estaba rodeando al suya. No nos habíamos soltado desde que nos paramos para encaminarnos a casa.
-Yo… - murmuró Emily casi sin fuerzas.
-No importa; por lo menos estás a salvo. Y tú – agregó señalándome a mí – podrías haberme dicho que ibas a ir a buscarla a ella en vez de cerrarme la puerta en mis narices, como lo hiciste –
-No fui a buscarla – contesté sinceramente.
Emily aflojó su mano de pronto, y como acto reflejo: yo la sostuve.
-¿No? – preguntaron Shane, Emily, Alice y Jon a la vez.
Alice estaba sentada en el sillón, donde la había dejado.
-¿Jon? – pregunté al escuchar su voz.
-¿Qué? – preguntó él saliendo de detrás del sillón con una porción de torta del día anterior a medio comer en la mano.
Me reí al verlo, y todos se me quedaron mirando.
-¿Qué? – inquirí – Vamos, ¿me van a decir que no es gracioso que Jon siempre venga en los momentos cuando uno menos lo espera? – Nada. Cero respuestas. – De acuerdo, de acuerdo. ¿En qué estábamos? –
-En que no fuiste a buscarme – dijo Emily.
-¿Por qué no fuiste a buscarla? – preguntó Alice.
-¿Y a ti qué? – exclamó Emily.
-Me preocupo por ti – le respondió Alice frunciendo el ceño sorprendida.
-¡Niñas! – grité antes que comience a correr sangre.
-Déjalas pelearse, será divertido – dijo Jon dándole un mordisco a su torta, con una ancha sonrisa en el rostro.
-¡Jonathan! – lo retó Shane.
-Sí, papá – dijo Jon sentándose en el sillón muy derechito.
Eso también me causó gracia. Pero al parecer era el único que estaba de humor en ese momento. Comprendía que Shane estuviera furioso. Yo nunca lo había tratado como uno más de mis amigos; él había sido como mi hermano mayor cuando lo necesité, y le debía mucho por haberle cerrado la puerta en la cara. Alice de verdad esperaba que yo me confesara ante Emily; además no estaba enojada, sólo decepcionada, a lo sumo algo molesta. Pero el enojo de Emily era incomprensible, quiero decir: soy sólo su “mejor amigo”, ¿Por qué esperaba tanto de mí?
-No importa, ya están aquí – dijo Shane relajándose un poco - ¿Quieren comer algo? – preguntó; y en ese momento mi estómago hizo un ruido extraño hasta para mí.
Todos sonrieron.
-¿Con que mi hambruna sí les causa gracia, eh? – bromeé.
Mientras Emily y yo comíamos algo de lo que había sobrado del almuerzo, pude notar cómo ella miraba con algo de resentimiento a Alice. Y me sorprendió bastante; nunca creí que se enojaría tanto con ella. Por otro lado, Alice nos miraba con ternura.
-Así que… ¿A dónde escapaste? – preguntó Jon ahora atragantándose con un panquecito.
-Fui a la playa… - contestó comiéndose el último pedazo de carne que le quedaba.
-El sonido del mar es lo único que te tranquiliza… - dijo Alice dándose cuenta en ese momento.
-No hubiese tenido que tranquilizarme si no hubieses hecho lo que hiciste… - escupió Emily.
-¡No digas eso! – repliqué sin dejarle tiempo a Alice ni para pensar – Ella planeó todo pensando en ti – mentí. Sabía muy bien que Alice había hecho todo por mí; por no ser capaz de luchar mi propia pelea.
-¿Vas a defenderla a ella? – me respondió Emily sorprendida.
Me quedé callado mirándola por un tiempo, y cuando abrí mi boca para decirle “por supuesto”, Alice me interrumpió.
-¡Claro que no! Brendon me odia por lastimarte, ¿verdad, Brendon? – Emily seguía mirándome a mí, y cuando vi a Alice noté lo desesperada que estaba porque yo dijera que sí.
-Lo siento, Alice, pero no puedo odiarte… - confesé.
Jon se pasó una mano por la cara.
-No te preocupes, de todos modos, ella me odia suficiente por todos… - dijo Alice levantándose de su silla.
-¿A dónde vas? – pregunté.
No me contestó.
Con Alice lejos, Emily se tranquilizó bastante. Jon y Shane se encargaron de hacernos hablar tantas estupideces como para que yo olvidara lo que acababa de pasar. Pero ¿cómo esperaban que no me afecte? Alice era mi mejor amiga desde el primer día que entró en Smoothie House y me golpeó en la nuca con un trapo mojado. Nunca nos habíamos fallado desde entonces. Ella era como mi hermana, era como mi mente fuera de mi cuerpo. ¿Y pretendían que la dejara a la deriva por ayudarme? No lo haría; encima ni siquiera había servido para nada, porque su estúpido hermanito menor de veintiún años no era capaz de decirle a una niña de diecinueve cuánto la quería en verdad. No iba a abandonar a Alice ahora. No.
Shane estaba diciendo algo sobre una nueva cámara que quería comprarse cuando escuché la puerta de calle abrirse. No pudieron detenerme a ir a ver qué sucedía. Y como lo sospeché, Alice estaba allí.
-Tú no te vas a ningún lado – dije cerrando la puerta antes que pudiera atravesarla.
-Brendon, ¿no puedes simplemente tomar el camino que te abrí? –preguntó cansina.
-No si la persona que me ayudó a llegar allí no viene conmigo – contesté.
-No funciono en los tríos, Bren – contestó sonriendo amargamente.
-Sabes que no me refiero a eso… - le dije desesperándome.
Alice tomó una gran bocanada de aire y la largó de una sola vez.
-Brendon – dijo parándose de puntillas y dándome un beso en la frente – Ya sabes lo que tienes que hacer, y yo estoy crecidita y sé cuidarme sola. Me contento con eso… -
-Ay, pero qué bella imagen… ¿Piensas detenerla a que se vaya? – preguntó Emily sarcásticamente, apoyándose contra el marco que daba al comedor.
Nunca la había visto ser tan sínica; y la verdad es que no me atraía para nada.
Antes que pueda siquiera pensar en qué contestarle ya tenía la mano entera de Alice tapándome la boca.
-Sólo has lo que debas hacer, y no lo que sientas, Boyd – susurró mostrando media sonrisa.
Asentí, y le abrí la puerta. Ella me sonrió una vez más y luego se marchó por mi puerta con su mini-valija en mano.
-Esto es demasiado dramático incluso para mí – dijo Jon abriendo la puerta por la que recién había desaparecido Alice. – Vuelvo más tarde… -
-¿Vas a llorar? – espetó Emily.
-¿Por qué te comportas así? – pregunté dolido. No la comprendía.
-Ay, vamos no seas tan dramático – dijo recomponiéndose un poco. Pero no lo suficiente.
La ignoré y me fui a sentar en uno de los sillones.
-Brendon… - dijo Emily volviendo a sonar como ella.
-No me vengas con “Brendon”; ya no sé quién eres… - dijo levantándome para dirigirme a mi cuarto.
-¡No, espera! – exclamó Emily tomándome de un brazo.
Me quedé parado en donde ella me había detenido; pero no volteé a verla.
-Es que… Me cela que le prestes tanta atención a Alice… - dijo casi en un susurro. Pero en el silencio sepulcral de la casa, logré escucharla sin problemas.
-Es mi mejor amiga; no quiero abandonarla por más que ella me diga que lo haga… - contesté volviendo a sentarme a su lado.
-Siempre creí que yo era tu mejor amiga – dijo Emily. Pero lo dijo como ella lo diría, entonces no me molestó. No me estaba acusando, simplemente estaba pensando en voz alta.
-Te equivocas, yo nunca te vi como mi mejor amiga. Tú me viste como tu mejor amigo… - contesté, rogando que se oyera en mis palabras eso que tanto quería decirle.
-Es cierto… Nunca te pregunté de qué manera te sentías tú. – dijo, haciéndome desear que me tragara la tierra. ¿Acaso tendría que fabricar un cartel luminoso para que notara que estaba enamorado de ella?
-Tampoco creí que eras tan amigo de Alice. Como siempre andaban peleándose… - acotó.
-Sí, es que Alice y yo somos como hermanos. Ella siempre me protege y me ayuda, como lo hizo ahora… - volví a intentar.
-No estarás… No estás enamorado de Alice, ¿no? – tanteó.
-¡Ay, por Dios! – exclamé pasándome las dos manos por la cara y el pelo.
-¿Qué? ¡Tal vez no lo has notado! Es muy común – contestó riéndose ante mi expresión incrédula.
-Dímelo a mí – dije en voz baja.
-Si es tan importante para ti, deberías ir a buscarla – dijo Emily luego de un rato de permanecer en silencio – Cuando quieres a alguien y te importa, debes aprovechar cada oportunidad para hacérselo saber… - terminó.
-No sé dónde podrá estar ahora… - comenté.
-Dices que son como hermanos. La conoces, Bren. Supiste, aunque sea de manera inconciente dónde estaba yo, sabrás dónde se encuentra Alice… - dijo alborotándome el pelo.
-¿Cuándo va a dejar de hacer eso la gente? – pregunté exhausto de sentir las manos de todos desorganizar mi desorganizado pelo.
-Es que me dan muchas ganas de hacerlo todo el tiempo – contestó Emily como si tal cosa.
-¿Por qué? – pregunté sorprendido.
-Porque me gusta tu cabello – dijo.
-¿En serio? – pregunté frunciendo el ceño sin poder creerlo.
-También me gusta esa sonrisa tuya… - dijo cuando esbocé media sonrisa. – Mucho… -
De pronto sus mejillas se tornaron de un color rojizo muy fuerte, como la primera vez que Ryan le tomó una foto; aquél día cuando nos conocimos.
No pude evitar reírme. Ella se tapó la boca mientras decía “¡Por Dios!”.
-¡Ve! ¡Ve a buscar a Alice! – gritó a través de su mano, alejándose de mí.
-¿Por qué? – pregunté divertido.
-¡Sólo ve a buscarla! – agregó tirándome un almohadón mientras me estaba levantando.

CAPITULO 34: “IF YOU’RE GOING THEN GO”

Emily se quedó allí parada durante un segundo que duró una eternidad. Sus ojos comenzaron lentamente a llenarse de lágrimas, pero para cuando comenzaron a escapar de sus ojos ella ya había comenzado a correr hacia el interior de la casa.
No pude seguirla.
Cerré mis ojos con fuerza intentando hacer que todo desaparezca.
Cuando los abrí todos seguían allí. Toby mostró una sonrisa arrogante y entró a la casa. Cuando azotó la puerta de calle me sobresalté.
Jamás entenderé por qué me sentí así en ese momento. Debí haber sido el hombre más feliz sobre la fase de La Tierra, pero me sentía como una completa basura inservible. Shane me había dicho algo antes de ingresar a la casa, pero no le entendí. Tampoco alcancé a escucharlo. Todo lo que escuchaba era el fuerte sonido que estaba haciendo mi corazón en ese momento. Mis pulmones al inflarse mientras respiraba, y el fluido de la sangre por mis venas. Finalmente reuní fuerzas de la nada y mis piernas me llevaron a mi cuarto. Me encerré allí. Era el único lugar en el que siempre me había sentido seguro; sea cual fuera la casa en que vivía. Me dejé caer sobre mi cama en plena oscuridad. Cerré mis ojos con fuerza una vez más y las imágenes sólo saltaron en mis ojos.
Podía verlo todo con mucha más claridad y oír sin obstrucciones. Alice y Toby se estaban besando junto la pared de la puerta. Jon había dejado a Emily pasar primero. Cuando comenzó a llorar, ella todavía sostenía mi mano.
Las imágenes aparecían sin un aparente orden cronológico, y no duraban la acción completa.
Emily llorando. Su mano temblaba en la mina, pero cuando creí que iba a apretarla con más fuerza ella se soltó.
“Debí seguirla”, pensé tan fuerte que creí haberlo dicho en voz alta. Tal vez lo hice…
A pesar de no sentirme feliz, no estaba triste. No estaba angustiado. Mientras las imágenes se aparecían frente a mis ojos esperaba encontrarme con una opresión en el pecho. Un nudo en la garganta. Una lágrima solitaria que rodara cuesta abajo hasta colisionar contra mi almohada.
Pero nada de eso apareció. Estaba tranquilo. Mi respiración acompasada. Los latidos de mi corazón estaban en noventa. Los conté. Y aún así no podía estar feliz por lo que acababa de pasar.
Alice acababa de demostrar que Toby no la quería. Él mismo se había hecho cargo de sus sentimientos en cuanto sonrió y se fue de la casa. No había vuelta atrás. Ella no le importaba para nada y Emily jamás podría verlo por nuestra culpa. ¿O me equivocaba? No sabía qué pensar.
Esos ojos verdes, casi transparentes, derramando lágrimas se me seguían apareciendo una y otra vez. Pero no me perturbaban. Lo único que me importaba era cuánto tiempo más iban estas imágenes a seguir apareciéndoseme. Pero tampoco me preocupaba demasiado. Nada podía preocuparme en ese momento.
Mi celular comenzó a sonar en mi bolsillo.
Salí de mi ensimismamiento para atenderlo.
-¿Brendon? – escuché que preguntó la voz de Ryan.
-¿Por qué no subes si quieres hablar conmigo? – inquirí con vos ronca, algo molesto por hacer que me distrajera de mis pensamientos.
-Porque estoy en mi casa, hace horas que nos marchamos de allí. Brendon…ya es domingo – me dijo, y su voz sonó algo preocupada.
-¿Me quedé dormido…? - comencé, pero terminé pensándolo. No tenía fuerzas para hablar.
“¿Me quedé dormido pensando en todo lo que pasó? ¿Cuánto dormí? ¿Qué hora es?”. Esto último lo repetí en voz alta.
-¿Qué hora es? – le pregunté a Ryan.
-Como las doce, ¿recién te levantas? – preguntó sin abandonar su tono preocupado.
-Sí, no sé. ¿Qué sucedió ayer? – pregunté sentándome en mi cama.
- Eh… – dijo Ryan pensativo. Y hasta pude saber que estaba rascándose la nuca, intentando recordarlo todo lo más claro posible – Básicamente Emily vio a Alice besándose con Toby y se puso a llorar. Salió corriendo a la casa y se encerró en su cuarto. – se detuvo por un momento – Nosotros nos quedamos ayudando a Shane a acomodar las cosas y luego nos fuimos. –
Así que sólo eso había pasado. No se veía tan complicado como en mi cabeza.
-¿Brendon? – volvió a preguntar la voz de Ryan.
-Debo irme, Ryan. Nos vemos – dije cortando la llamada sin esperar respuestas.
Tiré el teléfono sobre la cama y me fui hacia el living.
Entrecerré bastante los ojos cuando el sol de mediodía me golpeó de lleno en la cara. Y la vi allí; sentada en uno de los sillones del living.
-¿Dormiste aquí? – le pregunté.
-Sí, no dejó que nadie entrara en la habitación. Se encerró – contestó – Y hoy en la mañana, en cuanto vio mi rostro se fue por esa puerta – agregó mirando la puerta de calle con la mirada perdida.
-¿Qué crees que pase ahora? – pregunté sentándome a su lado.
-¿No vas a ir a buscarla? – me miró.
-No entiendo muy bien qué está sucediendo ahora; no sé cómo actuar… -
-Brendon, no hay muchas formas de actuar: vas a buscarla, la encuentras, le dices que la amas, la besas, y viven felices por siempre – dijo mirándome, escéptica.
-¿Y qué va a ser de tí? – pregunté una vez más – Creí que Emily era tu amiga, Alice. – agregué.
-Y así es. Por eso, ya te dije: con el tiempo sabrá perdonarme. Y cuanto antes reconozca su amor por ti, más rápido va a perdonarme, ¿no crees? –
-¿Sinceramente? –
-No, sólo hazlo –
-¡No puedo creer lo que hicieron! – gritó Shane mirándome a mí.
Estaba enojado. Mucho.
-¿En qué estabas pensando, Brendon? – inquirió sin buscar respuesta – Lo esperaría de cualquiera menos de ti. Estoy decepcionado. ¿Qué pensabas? – caminaba de una esquina a la otra con sus ojos clavados en los míos.
Permanecí callado. Shane tenía razón y no tenía la sabiduría ni la destreza para encubrir el crimen sobre el cuál me inculpaba.
-¡Contéstame! – gritó al fin, deteniéndose de pronto.
Me levanté y me fui; aún sin decir palabra.
-¿A dónde crees que vas? – preguntó Shane mientras yo cerraba la puerta en su cara.
No estaba en mi lista de pensamientos felices ver a Shane enojado, pero no podía culparlo. Caminé vagamente por las calles de Los Ángeles; aunque no se me hacían tan apetecibles como mis calles de Las Vegas. Realmente extrañaba vivir ahí.
Entonces mis pies me guiaron inconcientemente hasta la playa. ¿Por qué “inconcientemente”? Porque allí estaba sentada, de cara al mar, abrazando sus piernas en medio de la arena. Me paré a su lado, como era pasado el mediodía, algo de mi sombra se proyectó sobre su línea visual mientras el sol todavía se podía ver entre las nubes.
-¿Sabes qué es lo más estúpido? – preguntó en voz alta sin quitarle la vista de encima al mar. No dije nada – Desde que los vi… Desde ayer en la noche lo único en que puedo pensar es en mi canción –
-¿Tu canción? – pregunté en voz baja, parado desde donde estaba.
-Sí, la canción que escribiste para mí ha estado sonando en mi cabeza desde ayer – dijo soltando un mohín – No puedo pensar en otra cosa – al decir esto se tapó los oídos con ambas manos y comenzó a hamacarse hacia delante y hacia atrás.
-¿Eso te molesta? – pregunté sentándome a su lado.
Me miró conservando la posición en que estaba.
-No es molesto. Es raro… - contestó volviendo su vista al mar. - Es como si mi corazón supiera que lo que sucedió ayer era obvio. Y que no tengo que superarlo porque nunca me afectó –
-¿Te sientes confundida de alguna manera? – no sabía qué decir, pero tenía que decir algo.
-¿Qué me pasa, Brendon? – preguntó mirándome de nuevo – Es como si T… Como si… Toby – dijo el nombre como si le costara pronunciarlo – nunca me hubiese importado –
-¿Qué hay de Alice? – pregunté para tantear el terreno de guerra.
-No tenía que hacer todas esas cosas. Podría haber hablado conmigo y ya – contestó molestándose de pronto, mirándome con el ceño fruncido – Además, ¿qué importa Alice? Creí que estábamos hablando de mí… - exhaló enojada.
-Lo siento – contesté sin poder contener una sonrisa.
-¿De qué tanto te ríes? – indagó.
-Sabía que eras rara, pero te pasas de veras… - contesté mirando el mar.
-¡Mira quién habla! Te quedaste duro, Urie. ¡Quieto como una piedra! – dijo – Creí que ibas a venir corriendo tras de mí, y sin embargo te quedaste ahí parado. Sólo te quedaste ahí… - dijo calmándose a medida que iba hablando.
-No sabía qué hacer, Emily – contesté – Todo sucedió tan de pronto.
Emily giró su cabeza hacia mí. Y aunque yo tenía mi vista clavada en el mar, pude sentir que se sonreía. Así como sentí su mano, helada por estar tanto tiempo frente al mar con el sol yendo y viniendo tras las nubes, rodear mi brazo y la presión de su cabeza apoyada en mi hombro.

CAPITULO 33: “EVERYTHING GOES ACCORDING TO PLAN”

Alice se estaba cambiando de ropa en mi cuarto y me había dejado fuera. Ocho veces le había preguntado por qué quería cambiarse el atuendo en mi cuarto y sólo me había dicho que no quería que Emily viera la ropa que iba a ponerse. Yo le había contestado que no importaba en dónde se cambiara porque después de todo Emily ni siquiera estaba en casa. Al fin optó por decirme que mi cuarto tenía espejo de cuerpo entero y el de ellas no. Lo cual no sabía si creerle o no, pero me dije a mí mismo que no importaba; de todos modos ya estaba encerrada en mi cuarto. No valía la pena ir a fijarme si era cierto lo del espejo.
-¡Alice! – grité golpeando la puerta cansinamente luego de esperarla por hora y media.
-¿Qué? Deja de llorar, Boyd. Ya estoy lista – dijo Alice saliendo.
Aunque todo lo que pude ver fueron sus botas, porque hacía veinte minutos que me había sentado al lado de mi puerta, cansado de esperar parado frente a ella.
Me paré para poder entrar a mi cuarto.
-¿No me vas a decir nada? – preguntó Alice.
-¿Por qué te tomaste tanto tiempo? – inquirí.
-Porque soy mujer, ¿pero no vas a preguntarme por mi escote? – preguntó parpadeando varias veces.
-Es que creí que habíamos llegado a un acuerdo… - dije yo recordando aquella noche en que Alice me levantó a las dos de la mañana vestida con su pijama de “Mi Pequeño Pony®”. Me reí al recordar su pijama.
-Es cierto… ¿De qué te ríes, Boyd? – preguntó divertida.
-Nada, es que recordé tu pijama… - dije, sonriendo un poco más - ¿Puedo cambiarme yo ahora? – le pregunté alzando una ceja.
-Sí, ¿necesitas ayuda? – preguntó antes que le cerrara la puerta en la cara.
No necesitaba ayuda para cambiarme. Y menos de Alice. No, no. No, gracias.
Me cambié rápidamente; me puse unos jeans negros, con una camisa roja, y mis acostumbradas zapatillas. Era un cumpleaños, no la boda de nadie. Por suerte.
Aún faltaban como dos horas para que Emily volviera de estar “entretenida” por Shane; así que, dado que ya estaba listo para cuando llegara, me puse a tocar el piano. Siempre me relajaba. Me senté frente a él y lo miré por un rato.
-Mi dulce y amado Yamaha®… - dije mirándolo.
Y así me quedé un rato.
-Tú eres el único que nunca me traicionó. Jamás… - dije en voz alta.
Quizá de miedo que hable solo. O peor aún, que hable con las cosas. Pero es la forma en que funciono.
Comencé a improvisar. Al principio sonaba muy meloso y clásico, pero luego se transformó en una versión demasiado barata del arte de Bach. Sin embargo sonaba bien, todavía. Y las teclas debajo de mis manos cedían bajo la débil presión de mis volátiles dedos que apenas si las rozaban. En ese momento se me ocurrió que hubiese sido buena idea haberle escrito una canción para Emily. Y pensando en eso cambié la melodía, por algo más triste, pero con tonos felices. No sé si me entienden. Cambiando de Si y La menor, a Sol y Fa; etcétera. Tratando, buscando la manera de hacerla sonar feliz aunque la melodía llorara encubierta por el sonido de las notas sonrientes. Me llevó nada más que diez minutos concluir en una melodía que me hiciera feliz a mí. Que transmitiera todo lo que quería decirle a ella.
Ya no me importaba el plan. No me interesaba si funcionaba o no. No quería saber si iba a tener un resultado positivo o negativo. Sólo quería gritarle a Emily que la amaba. Y aunque sabía que con la canción ella no lo entendería; por lo menos yo bajaría bastante peso de mis hombros al intentarlo.
Aún seguía tocando la nueva canción de Emily cuando Ryan tocó a mi puerta.
-¡Brendon! – gritó – ¡Emily y Shane están a punto de entrar a la casa! – dejé de tocar el piano y salí de mi cuarto.
-Hola, Ryan – saludé contento.
-¿Qué estabas tocando allí dentro? Sonaba demasiado bien para que no me lo hayas mostrado – me contestó Ryan.
-Acabo de escribirlo… - dije.
Quise sonreír, pero de alguna manera, mi inconciente no me dejó. Sabiendo internamente lo que estábamos por hacer.
-¿Por qué tan serio, amigo? – preguntó Ryan mientras nos dirigíamos al living.
-No lo sé – contesté sincero.
Emily entró antes que Shane, y cuando todos le gritamos el “¡Feliz Cumpleaños!” se emocionó muchísimo; y yo me entristecí aún más. Nos abrazó a todos no dejaba de dar las gracias. Además dijo que nunca esperó tener amigos tan dedicados que la quieran tanto. Con Alice nos miramos: los dos queríamos que este plan termine antes de empezar.
-¿Estás segura de esto Alice? –
-Es ahora o nunca, Brendon – dijo ella susurrando – Además, él la lastimará tarde o temprano. Prefiero que sea temprano y que esté rodeada de sus amigos –
-Va a odiarte, y lo sabes – contesté.
-Con el tiempo sabrá perdonarme – me dijo antes de irse de mi lado.
Y me quedé solo en el piano. Ryan había traído a Susan.
-¿Vas a tocar algo en mi nombre? – preguntó Emily acercándose. Nunca creí que querría esto, pero estaba esperando que venga con Toby. Sin embargo, apareció sola.
-Claro – contesté, invitándola a sentarse al lado mío.
Comencé a tocar la canción que acababa de escribir. La recordaba de memoria. De principio a fin. ¿Cómo olvidarla? Si esa canción era yo diciéndole a Emily cuánto la amaba.
-Es hermosa, ¿cómo es que no la escuché nunca antes? – preguntó Emily cuando terminé de tocar la canción.
-Es que es nueva – contesté.
-¿Es tuya? – preguntó ella medio sorprendida.
-Sí, la escribí para ti… Para hoy… - dije sin ánimos.
-Gracias – contestó ella abrazándome.
Normalmente le habría devuelto el abrazo y habría sonreído como un idiota. Pero no salió.
-¡Emily! – gritó Ryan.
“Es tiempo”, pensé tomando mucho aire.
-Emily, Emily, Emily… Zack trajo fuegos artificiales para tirar clandestinamente en el jardín… ¿vienes? – preguntó inocentemente Jon, que venía con Ryan.
-¿Clandestinamente? – preguntó Emily divertida - ¡Vamos! – exclamó - ¡Ven Brendon! – agregó luego al ver que yo no me levantaba de mi lugar en el piano.
Yo sabía lo que iba a pasar y no quería estar presente. No quería verla llorar por algo que su amiga estaría haciendo.
Fuimos todos juntos al jardín. Y mientras las acciones se iban sucediendo, sentía que todo andaba en cámara lenta. Ahí estaban los dos: tal y como Alice lo había predicho.

CAPITULO 32: “I’M EXACTLY WHERE YOU LIKE ME”

Me estaba peleando con Alice de camino a la cocina, y no recuerdo el porqué. Pero veníamos dándonos empujoncitos y riéndonos de algo.
-¿Mis chiquitines se levantaron de buen humor? – preguntó Shane con una sonrisa al vernos.
-¡Shane! Siento que hace años que no te veo… - dije acercándome para abrazar a mi amigo.
-Es que estos últimos días estuvimos trabajando como hormigas. Prometo volver más temprano esta semana – me dijo de manera demasiado paternal incluso para estar bromeando.
Sin embargo, no le dije nada y comencé a ayudarlo con el desayuno.
-¿Durmieron juntos? – escuché que Emily le preguntaba a Alice.
-¿Qué? – “Diablos, la agarró desprevenida a Alice”, pensé. Pero luego escuché que Alice se reía – Sí, es que tuve una pesadilla. Sé que estoy grandecita para ese tipo de cosas, pero es que mi hermano mayor me mal acostumbró y Brendon es mi hermano prácticamente. – estaba diciendo Alice cuando Shane y yo volvimos al comedor - Así que… Sólo cumplió con su deber… - agregó mirándome a mí.
-Qué buen hermano que soy, ¿verdad? – pregunté sonriendo. Por un lado aliviado y por el otro lado dudando si alguna vez Alice me había mentido a mí de esa manera.
-Claro – dijo Emily poco convencida del asunto. O al menos eso parecía.

Habían pasado ocho días desde que a Ryan se le había ocurrido el plan maestro para deshacerse del Jardinero. Era viernes, y por lo tanto, era el día que Alice tenía franco.
-Mañana es el día – dijo Alice sentándose entre Jon y Ryan.
-¿Qué? ¿Por qué? – preguntamos los tres a la vez.
-Porque mañana es el cumpleaños de Emily y Shane estuvo toda la semana preparándole una súper fiesta sorpresa… - explicó Alice – Vamos a estar todos –
-Quiere decir que, básicamente, planeas arruinarle el cumpleaños – dije yo.
-Bueno, si lo pones así… - dijo Alice pensativa.
-Brendon, es perfecto – dijo Ryan intentando convencerme.
-¿Por qué Shane no nos dijo nada sobre la fiesta? – preguntó Jon.
-No lo sé, Ryan. No quiero que recuerde su cumpleaños como “el día que su novio la engaño con una amiga” por siempre – dije exagerando demasiado las comillas.
-Shane no les contó nada porque temía que se te escapara sin querer… Contándole a Emily – le dijo Alice a Jon.
-Qué inteligente – dijo Jon encogiéndose de hombros sin enojarse.
-De todos modos, creo que Shane sospecha lo que estamos haciendo – dijo Alice dudando.
-Eso no importa, lo importante es que… - pero me quedé a mitad de frase al ver la cara de Ryan.
-¿Qué pasa, Boyd? – preguntó Alice.
-Es que Ryan tiene su cara de concentración… - comenté.
-Sería genial si pudiera instalar un par de cámaras, o un micrófono en Alice. Para tener evidencias por si Emily no nos cree – dijo más para sí mismo que para el resto de nosotros. Como siempre que estaba ideando un plan. O una canción.
-Escucha Ryan: - comenzó Alice – Emily puede ser todo lo despistada que quieras, pero si le pones un pedazo de carne en el plato no te va a decir que es zanahoria… - terminó.
-No hagas analogías con la comida, me da hambre – dijo Jon tomándose el estómago.
-Acabamos de comer hace cuarenta minutos, Jon – le contestó Alice sonriendo.
-Siempre tengo hambre. Es una enfermedad… - dijo Jon abriendo mucho los ojos.
Todos nos reímos de eso por un buen rato, hasta que Ryan prosiguió con su plan.
-Vamos Alice, déjame instalarte una cámara pequeña… Una de espionaje. Tal vez un pequeño micrófono – seguía insistiendo.
-¡No! ¡Lo haré a mi manera o no lo haré! – le respondía Alice.
-¿Cómo sabremos cuándo enviar a Emily? – preguntó Ryan con una sonrisa de triunfo. Pensando, seguramente, que ya había dado en el clavo y Alice tendría que someterse a ser un equipo de espionaje profesional.
-Ya lo tengo todo pensado – dijo Alice sonriendo satisfactoriamente al ver que al fin, una vez el la vida, alguien le había ganado a Ryan Ross.
-Oh, vamos… - le dijo Ryan sin creerle.
-Escuchen, acérquense – dijo llamándonos a los tres. Cuando estuvimos cabeza con cabeza, cual equipo de fútbol profesional, continuó: - A Emily le encanta cuando Brendon toca el piano; entonces tú serás el encargado de estar con ella y mantenerla ocupada mientras yo estoy con El Jardinero. –
-¿No te preocupa que a ella le preocupe saber dónde diablos está su novio? – pregunté.
-Eso es exactamente lo que quiero – dijo Alice – Pero sé que no va a pasar. Porque cuando la gente está cerca de ti mientras tocas el piano no le importa nada más. Es ley amigo – explicó.
Me quedé mirándola sin creerle. Porque sabía que no era verdad. Aquella vez que yo había estado tocando el piano, Emily se había ido corriendo detrás de Ryan…
-¿Entonces qué piensas hacer? – preguntó Jon.
-Bueno, había estado pensando que tal vez uno de ustedes – dijo mirando a Ryan – podría estar espiándome a mí y a Toby, y entonces avisarle al otro – agregó mirando a Jon – que le avise a Brendon, y mágicamente Emily nos encuentra… - explicó satisfecha, cruzando brazos y piernas.
-Sigo insistiendo con las cámaras… - dijo Ryan.
Jon y yo nos reímos mientras Alice le respondía:
-¡Basta Ross! Comienzas a sonar como un acosador –
-¿Micrófonos al menos? – intentó una vez más – Prefiero el término “asesino en serie” – agregó.
-Dije sin nada – sentenció Alice – Claro, más años de cárcel, mejor, ¿no? –
Ryan sonrió, pero Alice negó con la cabeza ante su aprobación.

El resto del rato nos dedicamos a escribir algunas músicas nuevas. No es que fueran definitivas, pero era una buena idea tener mucho material; para luego desechar tranquilos y quedaron con lo mejor.
Alice nos obligó a tocar uno que otro cover de los “Backstreet Boys”. Lo peor fue que Ryan recordara las letras. Daba miedo. Por supuesto que de las conocidas Jon también se sabía los estribillos, pero era diferente. De alguna manera.
Descubrimos que Alice tenía una linda voz. Pero queriendo imitar las voces de los “Backstreet Boys”, a veces le pifiaba a las notas y no sonaba lindo. De todos modos, estábamos entre amigos. Sólo pasando un buen rato, no tocando en vivo para TRL®, ni nada por el estilo.

Para cuando llegó Shane estábamos a mitad de estribillo de “I Want It That Way”, otro pedido de Alice.
-¿Los dejo solos una semana y se ponen a tocar canciones de grupos para niñas? - preguntó Shane riéndose de nosotros mientras entraba a la casa con dos bolsas llenas de comida.
-¡Yo estoy en casa! – gritó Alice desde atrás de uno de los sillones levantando una mano.
-¡Oh! – exclamó Shane riéndose aún más. – Todo tiene sentido ahora -
-Déjame, te ayudo – le dije acercándome a él y tomando una de las bolsas de sus manos.
-Gracias, Brendon – contestó.
-¿Trajiste comida? – preguntó Jon saliendo de su escondite.
-¿Alguien más va a sorprenderme hoy? – preguntó Shane cuando llegamos a la cocina.
-Es que Jon y Alice estaban jugando a las escondidas… - le expliqué resumidamente a Shane.
En realidad habían inventado un juego nuevo que consistía en que los dos se escondían a la vez y se tenían que buscar mutuamente. Pero tenían que tener el cuidado de encontrarse por la espalda. Era muy extraño. Y cuando Shane entró sólo nos vio a Ryan y a mí tocando la canción.
-¿Es para el cumpleaños de Emily? – preguntó Jon, que estaba dando saltitos alrededor nuestro como un cachorrito hambriento.
-¿Quién le contó? – preguntó Shane serio.
-¡Alice! – contesté en seguida.
Shane suspiró pensativo, pero luego se encogió de hombros. Claramente no había nada que pudiera hacer ahora. Además el cumpleaños era al otro día. Y no había forma que Ryan dejara que Jon hablase con Emily antes de mañana por la noche.
Así que mañana sería el gran día de “La Venganza”, como la había llamado muy erróneamente Ryan. Quiero decir, no era una venganza; era sólo una comprobación del engaño de El Jardinero para con Emily. Eso era todo.

CAPITULO 31: “GIVE ME ENVY, GIVE ME MALICE, GIVE ME YOUR ATTENTION”

-Oh, están todos aquí – dijo Emily al entrar a la casa.
Nosotros cuatro nos quedamos mirando a Emily y a Toby mientras terminaban de entrar.
-¡Alice! ¿Volviste más temprano de trabajar, hoy? – preguntó Emily mientras colgaba su juego de llaves en el llavero.
Alice me miró por una fracción de segundo, pero luego respondió.
-Sí, es que mi encargado no se sentía muy bien y nos despachó a todos – comentó.
-¿De qué trabajas? – preguntó Toby en un tono neutro. Ni amable, ni malvado.
-Soy asistente de un empleado de un empleador que trabaja en el ámbito de marketing – explicó Alice muy claramente.
-Oh… - dijo Toby.
“¡Ja! No sabes qué contestar, ¿eh?”, pensé para mis adentros comenzando a tocar el piano.
-Bien desde abajo, como Dios manda – dijo luego, el muy maleducado.
-Estoy luchando por el asenso – dijo Alice algo divertida. Siempre le gustó pelear.
-¿Esa es una canción nueva? – me preguntó Emily sentándose a mi lado en el piano.
-¿Qué? – pregunté yo distraído, dejando de tocar.
-Si es una canción nueva… - repitió ella sonriendo.
-Ah, no… No lo sé. Bah. No, sólo estaba improvisando… - contesté algo nervioso, pensando por dentro: “¿Qué clase de persona cuestiona un músico en medio de una posible composición?”.
-Brendon, me gustó esa melodía que tocaste hoy más temprano… – dijo Ryan acercándose con su guitarra en mano.
Al verlo, pude ver con el rabillo del ojo, a Alice charlando muy animadamente con El Jardinero. Sí que se lo había tomado en serio. Me hubiese encantado poder escuchar su conversación, pero no quería que Emily sospechara de nada. Así que volví mi concentración a lo que estaba diciendo Ryan.
-… Además, creo que tengo un punteo bastante lindo para la segunda parte – dijo antes de callarse y sentarse en el suelo junto a mí.
-Ahí te voy – le anuncié sentándome mejor frente al piano y comenzando a tocar lo que había estado tocando horas antes.
Tocamos durante un buen rato la misma canción. Bueno, era como media canción. Le cambiamos acordes, modificando ubicaciones, y cosas por el estilo. También inventamos una especie de batería, tendríamos que hablarlo con Spencer más tarde.
Volteé dos segundos para ver como estaba yendo lo de Alice y me sorprendí al verlo: Alice estaba totalmente lanzada sobre él, y a Toby parecía no molestarle en lo más mínimo. Alice se lanzaba sobre todos nosotros. Pero era muy diferente. Ella era nuestra amiga. Y no. No se había lanzado de esa manera encima de Jon, Ryan, o Spencer, apenas los conoció. Ni siquiera Brent se había lanzado sobre ella al conocerla. Imagínense.
-¿Qué pasa? – preguntó Emily al notar que me había quedado mirando algo a sus espaldas.
Por suerte Jon estaba actuando de campana, y para cuando Emily volteó a ver lo que yo estaba viendo, Alice ya no estaba encima de El Jardinero. Es más: ni siquiera estaba en la habitación.
Jon y Ryan se quedaron a cenar, pero luego se fueron a dormir a la Mansión Ross (como la había nombrado muy sabiamente Jon).

-¡Hey! ¡Brendon! – susurró la voz de Alice en mi sueño.
“¿No me va a dejar tranquilo ni en sueños?”, me pregunté a mí mismo.
-¡Brendon! – volvió a gritar en susurros. - ¡Brendon! – dijo de nuevo esta vez con un poco de voz y zarandeándome con ganas.
-¿Alice? – pregunté medio dormido - ¿Estás aquí de verdad? – agregué.
-Sí, tonto. ¿En qué forma me esperabas? – preguntó.
Abrí mis ojos, pero no veía nada, obviamente. Estaba todo muy oscuro.
Encendí la lámpara que tenía en mi mesita de luz y vi la hora.
-Son las dos de la mañana, ¿qué diablos estás haciendo aquí? – pregunté tapándome la cabeza con las mantas.
-Tenía que hablarte de lo que sucedió hoy. Porque no sé si te acordabas que mientras tú y piernitas estaban jugando con sus instrumentos, yo estaba intentando seducir a El Jardinero – me recordó sentándose en mi cama con las piernas cruzadas.
-¿Hace cuánto tienes ese pijama? – le pregunté riéndome, luego de destaparme la cabeza.
Era rosa con figuras varias de los personajes de Mi Pequeño Pony®. Le quedaba algo corto, pero no se veía mal.
-Hace bastante… Pero eso no es lo importante – dijo rechazando mi comentario con una mano.
-¿Con qué excusa desapareciste luego que termináramos de tocar? – le pregunté curioso. Jon no había sabido decírmelo.
-La fácil. Le dije que tenía que ir al baño. Por suerte, para cuando volví, Emily se había encargado de llamar su atención –
-¿Y cómo llegaste a quedar sobre él durante la conversación? – inquirí cruzando los brazos sobre mi pecho, aún acostado.
-Ya sabes, una cosa llevó a la otra… - dijo Alice poniendo cara de asco al final.
-¿Qué? ¿Qué te dijo? – pregunté sentándome en mi cama.
-Nada en especial, pero es un cochino… Yo no sé si le miente a Emily, si estaba jugando conmigo, o sí de verdad es así. Pero tampoco quiero averiguarlo… - dijo estremeciéndose.
-Alice, si no quieres seguir con esto-
-Brendon… - me interrumpió ella – Sí quiero hacerlo. No empieces con tu instinto paternal sobre mí. Puedo cuidarme sola y sé cuándo retirarme… - dijo seriamente.
-De acuerdo – dije largando un suspiro, resignado – Pero no me digas que no te advertí – dije sonriendo.
-Siempre y cuando no me digas: “te lo dije” – dijo ella tendiéndome su mano extendida.
-¿Trato? – pregunté imitándola.
-Trato – repitió ella estrechándome la mano.
-De acuerdo, ¿pero hay algo que sí quieras contarme? – pregunté reprimiendo un bostezo.
-Sólo que está molesto porque Emily habla de ti la mitad el tiempo que pasan juntos. Me preguntó si había pasado algo entre ustedes – mientras Alice decía esto mi corazón comenzó a latir más rápido y mis labios no pudieron evitar dibujar una sonrisa en mi rostro. – De todos modos no te ilusiones, Urie – contestó Alice con una sonrisa amable en el rostro.
-Es lo que intento hacer. Siempre lo intenté. Pero no puedo evitarlo – dije sin poder evitar decir eso también.
-Me contó que cuando recién se conocieron, pensó que “ese tal Brendon”, así te llamó, era su novio – comentó Alice, y mi esperanza seguía creciendo en contra de mi voluntad (¿qué tan tonto podía llegar a ser?) - ¿Les contó Emily que él trabajaba en la Universidad cuando se conocieron? – dijo Alice.
-No dijo nada en especial, pero por como lo contó creí que era un estudiante. Dijo que se conocieron en una fiesta entre fraternidades o algo así – le expliqué confundido, como siempre.
-Sí, él se coló en la fiesta, pero en realidad estaba ahí para arreglar los terrenos de no me acuerdo qué fraternidad… Es más grande que yo – dijo Alice con media sonrisa.
-Lo que quiere decir que es mucho más grande que Emily – concluí.
-Se llevan al menos nueve o diez años – dijo Alice.
-Abusador de menores… - dije por lo bajo, medio en broma.
-Por lo baboso que se veía conmigo parece que no llegó tan lejos… - dijo Alice levantando ambas cejas.
-¡Me parece correcto! – exclamé aún en el tono bajo que estábamos hablando.
-Brendon, sé que solías ser mormón, pero-
-Cállate Alice – dije señalándola con un dedo índice acusador.
-Ya me callé… - dijo ella como cerrando un cierre en su boca.
Nos quedamos un rato en silencio. A todo esto eran como las tres y media de la mañana.
-Tengo una duda existencial – comentó Alice rascándose distraídamente la cabeza.
-Dime… - contesté.
-¿Debería empezar a salir con él secretamente y que luego mágicamente todo se descubra, o debería dejar que Emily nos descubra besándonos o haciendo algo que lo incrimine? – preguntó.
-Creo que lo de la relación es más contundente – dije para empezar.
-Sí, es cierto – dijo Alice tomándolo como opción casi definitiva.
-Pero por otro lado, eso acabaría con la relación que tienes con Emily… ¿No crees? – pregunté frunciendo la boca y levantando ambas cejas.
-Cierto – dijo Alice señalándome en aprobación – Estoy perdida – agregó luego.
-Creo que deberías provocarlo y luego que Emily los descubra. Entonces puedes defenderte diciendo que él te atacó… - pensé rápidamente.
-Brendon: eres un genio – dijo Alice sonriendo.
-Ay, ya basta, me avergüenzas – dije en forma dramática.
Alice se rió con ganas, pero muda.
-Brendon… - dijo luego.
-Alice… - la imité.
-¡No seas tonto! – dijo riéndose - ¿Puedo dormir aquí? No tengo ganas de ir hasta mi cuarto… - preguntó bostezando.
-Sí, claro – dije levantando las mantas para que se meta dentro de la cama.
Ella se metió a mi lado, y se hizo un bollito rodeando sus brazos en mi torso. Yo apagué la luz y me metí del todo en la cama.
-Alice… - susurré.
-¿Mmhmm…? – dijo ella, ya medio dormida.
-Tienes los pies helados… - comenté en un susurro.
Sentí cómo sonreía mientras me estrechaba con más fuerza.

CAPITULO 30: “JUST DON’T PUT YOUR TEETH ON ME”

-¡Alice tiene una mejor idea! – gritó Alice irrumpiendo una vez más en mi cuarto luego de una semana de intentos fallidos.
-¿Y ahora con qué te vienes, Alice? – pregunté cansado.
Había probado de todo, nunca se me cruzó por la cabeza que todavía quedara algo más por hacer.
Esa semana había sido terrorífica. Terroríficamente perfecta. Ryan había venido a disculparse por su actitud; y Ryan nunca se disculpa si sabe que tiene razón. Jon no había dejado de molestarme por lo de Toby (y eso que antes que apareciera El Jardinero él ya sabía mis sentimientos por Emily). No era molesto del todo, es sólo que cada oportunidad que tenía la aprovechaba para guiñarme un ojo, reírse de mí, o hasta susurrarme alguna sugerencia de diálogo. Spencer se había pasado dos veces por casa (por suerte, para mí). Cuando estaba él todo era mucho más tranquilo.
Emily por su parte había comenzado a trabajar, así que la mayoría del tiempo no estaba. Mientras Alice fingía ir a trabajar, Jon y Ryan se la vivían en mi casa.
-¡Chicos! ¡Chicos! ¡Chicos! – gritó Alice una mañana entrando por la puerta de calle gritando como una loca. Ryan, Jon y yo estábamos sentados en los sillones del living haciendo algo de música. Sólo divirtiéndonos. Había bajado el piano y yo estaba tocando. Ryan estaba con una guitarra acústica, y Jon con una pandereta.
-¿Qué pasa, Alice? – preguntó Jon medio sofocado atajándola y tirando la pandereta tres metros hacia atrás. Es que Alice se le había tirado encima.
-¡Conseguí trabajo! – dijo gritando y abrazando a Jon, ahogándolo aún más.
-Felicidades – le dijo Ryan riéndose de la situación.
Alice le sonrió ampliamente.
Y luego me miró a mí, que me había puesto a pensar en Emily. De nuevo.
-¿Qué sucede, Brendon? – preguntó Alice levantándose del regazo de Jon y tirándose encima mío, obviamente sin tocar el piano. De otra manera la hubiese tirado al suelo en vez de rodear mis brazos en su cintura.
-Nada… - contesté tristemente sin dejar de mirar las teclas del piano.
No comprendía por qué estaba tan deprimido. Quiero decir, no es que Emily y yo alguna vez hubiésemos salido y ahora ella estaba con otra persona. Siempre habíamos sido amigos y eso es lo único que seríamos. Lo tenía bien claro. Sin embargo, verla tan feliz con alguien que no era yo, en el fondo, me estaba destruyendo por dentro.
-No te ves como “nada” – susurró Alice, poniendo ella misma las comillas.
-Ya sabes por qué estoy así Alice, no preguntes… - dije luego de un rato, con la intención de evadir su preocupación.
-Brendon, no puedes estar así por siempre, ¡tienes que seguir adelante! – exclamó Alice, tal vez un poco gritando.
-Ya sé qué puedes hacer para que Emily se de cuenta que está enamorada de ti – dijo Jon.
-¿Qué? – preguntó Alice.
-Jon, ése es el problema – dije yo, cansino – Ella no está enamorada de mí. Me ve sólo como un amigo… -
-Urie, no me contradigas, yo sé cómo funcionan estas cosas – dijo Jon poniendo los ojos en blanco – Ella está secretamente enamorada de ti, pero no lo notó aún. Porque nunca te tomó como opción, ¿entiendes? –
-Jon, pasaste demasiado tiempo con Alice, estás divagando – dije yo comenzando a tocar el piano, aún con Alice sentada sobre mí.
-No quiero decir que Jon tenga razón, ni que Alice no divague – comenzó Ryan luego de un tiempo – Pero, creo que tal vez no esté del todo errado… - comentó.
Dejé de tocar y volteé para mirar a Ryan. Definitivamente estaba hablando en serio. No podía creerlo, no de Ryan. Creí que de todos él sería el único que estaría con los pies sobre la tierra. ¿Emily? ¿Enamorada de mí sin saberlo? No era posible. Había habido algunas situaciones para que lo note. Cuando ella se fue a la universidad. Cuando nos encontramos en la fiesta de cumpleaños de Ryan. Yo estaba coqueteando con una chica que no creí que fuera Emily y ella ni siquiera lo notó. El asunto del beso con Violet. Tuvo más que tiempo para pensarlo y repensarlo hasta finalmente caer en la cuenta que yo le importaba más que sólo como un amigo.
-No, Ryan, ella no está enamorada de mí – dije luego de sacar las conclusiones en mi cabeza.
-Brendon, no te angusties, tengo un plan – comenzó Jon. Esto podría ser muy bueno, o muy malo – Probemos si Emily se pone celosa si tú y Alice comienzan a salir –
Alice y yo nos miramos perplejos. Pero luego las risas comenzaron a brotar por parte de ambos.
-¡Eso nunca va a pasar! – exclamó Alice dirigiéndose a Jon.
-¿Cómo estás tan segura que no podría pasar? – preguntó Jon, dolido por el ataque a su plan maestro.
-Jon, si Alice y Brendon comenzaran a salir, entonces yo y Spencer tendríamos que casarnos – le explicó Ryan.
-No es lo mismo, Spence es nene. Alice… Bueno, se dice que es mujer… - dijo Jon.
-¡Jon! – dijo Alice y, acto seguido, se sacó un zapato de tacón y se lo revoleó por la cabeza.
-¡Hey! – gritó Jon esquivando ágilmente el zapato – ¡Esa cosa tiene como tres pulgadas! ¡Y es aguja! –
-No llores, Walker – le dijo Alice cruzándose de piernas sobre mí – Esos tacos no tienen ni una pulgada y media – agregó poniendo los ojos en blanco.
-Alice, ¿podrías ir a buscar tu zapato y ponerte de pie frente a mí, por favor? – preguntó Ryan.
-Claro… - contestó Alice bajándose de encima mío con un saltito y yendo a buscar su zapato.
Se lo calzó rápidamente y se paró frente a Ryan.
Él la miró por un rato y luego esbozó una media sonrisa.
Conocía esa sonrisa: Ryan tenía un plan.
Miré a Alice con más detenimiento y noté que estaba muy bien vestida, claro. Porque había ido a una entrevista de trabajo. Llevaba puesta una camisa ajustada al cuerpo y una pollera (tal vez demasiado corta) de vestir. Me quedé mirando sus piernas, nunca había notado lo bellas que eran. Es que siempre la había visto con pantalones o jeans.
-¿Qué tanto miras, Urie? – preguntó Jon riéndose.
-¿Qué? –pregunté yo mirando a Jon a la vez que Alice volteaba para enfrentarme.
-Dijiste que Toby probablemente la estaba engañando, ¿verdad? – preguntó Ryan.
-Sí – contestó Alice – Estoy casi segura –
-¿No vas a ir así vestida al trabajo, verdad? – pregunté yo.
-Entonces tengo un plan infalible para hacer que se aleje de Emily – dijo Ryan triunfante.
-¿Por qué? – preguntó Alice dirigiéndose a mi pregunta.
-Es que estás muy… - comencé.
-¿Descubierta? – inquirió Jon acertando.
-Me quitaste la palabra de la boca, Jon – dije yo.
-Boyd, no seas sobre protector – se quejó Alice.
-¿A alguien le interesa mi plan, o no? – preguntó Ryan. Probablemente cansado de ser ignorado.
-Sí – dijimos los tres a la vez enfocándonos en él.
-Yo creo que Alice debería tratar de llamar la atención de Toby ella sola – anunció.
-Quieres decir que quieres que trate de ¿ganárselo? – preguntó Jon mirando a Alice.
-Exacto – dijo Ryan echándose hacia atrás triunfante.
-Puedo hacer eso – dijo ella sonriendo muy segura.
-¿Tan segura estás? – pregunté yo dudando de todo el plan.
-Claro – contestó ella sin perder la postura.
-Pero… - comencé yo, pero fui interrumpido por Ryan y Jon.
-Es divertida – comenzó Ryan.
-Le gusta salir – siguió Jon.
-Es agradable – agregó Ryan.
-Es linda – dijo Jon haciendo que Alice sonriera.
-Es sexy – corrigió Ryan haciendo que Alice se sonrojara un poco.
-¡Es malvada! – exclamó Jon.
Los tres nos quedamos mirándolo.
-¿Qué? A mí me llama eso en una mujer… - se defendió encogiéndose de hombros, haciendo que los tres nos riamos con ganas.
-Puede tener a quién quiera – sentenció Ryan al fin.
-Oh… ¿Puedo tenerte a ti, Ross? – dijo Alice con voz seductora acercándose a él.
-Claro que no, yo tengo novia – dijo Ryan sin titubear.
-Toby también – se defendió Alice volviendo a la Alice normal.
-Pero yo aprecio a mi novia, ¿ves la diferencia? –
-Casi nula – bromeó Alice.
-¿Están seguros, chicos? – pregunté todavía poco convencido.
-De acuerdo, puedes no creer en una idea de Alice, puedes no creer en una idea mía. Pero tienes que confiar en Ryan – dijo Jon – Él sí es inteligente de verdad –
-Jon tiene razón, Ryan sí piensa… - agregó Alice.
-Pero… ¿Y si se da cuenta? – pregunté, aunque ya me sentía más seguro sobre esto. Hasta creía que podría llegar a funcionar.
-Emily no nota nada… Además, no soy tan tonta como para coquetearle a su novio enfrente suyo. – dijo Alice con media sonrisa en el rostro haciéndome sentir un idiota. – Además, tengo que hacer que me desee. ¿Qué mejor manera que ir a buscarlo cuando su novia se fue al baño, o no está presente durante un corto tiempo? –
-Ja, pensando que en cualquier momento Emily podría aparecer de nuevo… - dijo Jon. – ¡Cuánta presión! – agregó aplaudiendo contento como tonto.
-¿Entonces es un plan rígido? – pregunté.
-Sí, pero nadie más debe saber de esto que nosotros cuatro, ¿okay? – dijo Ryan.
-Shane se va a enterar de todos modos, lo va a descubrir. Es Shane – dije yo – Así que no se alarmen si viene a darnos un sermón de un día para el otro –
-Tienes razón – dijo Alice.
Habían pasado cinco minutos desde que habíamos pactado el plan cuando alguien llegó a la casa.
-¡Brendon, ya llegué! – gritó la voz de Emily desde el otro lado de la puerta de calle. – ¡Vino Toby a cenar! –


CAPITULO 29: “I AIM TO BE YOUR EYES”

-Cuéntame otra vez cómo hiciste para convencer a Shane de esta locura… - le pedí a Alice una vez más.
Estábamos viajando de vuelta a Los Ángeles. Ya habíamos pasado por la casa de Alice a buscar sus cosas; la había dejado sola por menos de dos minutos.
-¿Cuándo piensas llamar a Shane? – le pregunté entrando a su cuarto.
-Ya lo hice – contestó mientras tiraba algunos pantalones y un par de remeras adentro de una valija pequeña.
-¿Cuándo? – pregunté intentando recordar una Alice con un teléfono en la oreja.
-Recién, mientras estacionabas el auto – contestó, nuevamente, tirando más ropa dentro de la minúscula valija. Cada vez que agregaba algo se hacía más pequeña.
-¿Tienes alguna clase de poder sobrenatural del cual debería saber? – inquirí riéndome de la ridícula situación.
-No, por ahora. Aunque tal vez lo tenga… ¿crees que debo renunciar a Smoothie House? – preguntó luego poniendo sus brazos en jarra y mirándome.
Me quedé mirándola sin responderle.
-Brendon, esa mirada no me dice nada – anunció cerrando la valija sin siquiera ejercer algo de presión sobre ella. Sorprendente.
-Perfecto. Era justo el resultado que estaba buscando. – contesté hamacándome hacia delante y hacia atrás.
Suspiró profundamente y se quedó mirando la valija un rato.
-De todos modos creo que deberías avisar que te vas a ir por unos meses – sugerí.
-Síp… - contestó ella levantado la valija. Bueno, al menos lo intentó; porque en cuanto la arrastró fuera de la cama, Alice se cayó al suelo con un ruido seco, junto con ella. Podía ser pequeña, pero pesaba bastante.
Conduje hasta Smoothie House y esperé por Alice en el auto mientras ella le daba las nuevas al dueño.
-Ya está – dijo entrando al auto, quince minutos más tarde.
-¿Qué le dijiste? – pregunté nervioso.
-Renuncié – contestó sonriendo.
-¿Por qué? – estaba algo conmocionado, no esperaba que renunciara a su trabajo por una idea loca como esta.
-Escucha Brendon: siempre fuiste como mi hermano menor. Es más, te quiero de esa manera. Y en estos momentos siento que tengo que estar a tu lado sin importar qué, ¿de acuerdo? No más preguntas – anunció muy autoritariamente.
-Gracias, Alice. A veces olvido que eres mayor que yo – comenté encendiendo el motor del auto.
Estábamos a más de la mitad del camino entre Las Vegas y Los Ángeles.
-No hice nada milagroso con Shane, Brendon. Sólo le pregunté si podía irme a vivir con ustedes porque quería ayudarte con Emily – explicó.
-¿Le dijiste la verdad? – pregunté sorprendido.
-¿Por qué preguntas de esa manera? ¡No iba a mentirle a Shane! – contestó preocupada por mi reacción.
-Es sólo que me sorprende un poco… - contesté yo.
El resto del viaje lo hicimos prácticamente en silencio. Digo “prácticamente”, porque Alice, en realidad, se la pasó tarareando canciones de los Backstreet Boys todo el camino.
Veníamos riéndonos de no sé qué cosa cuando abrí la puerta de la casa.
-… ¡Y dijo que sí! Ese tipo está loco, te lo digo… - me decía Alice.
-Tienes toda la razón – contesté riéndome con ganas.
-¿Te fuiste a buscar a Alice? – preguntó Emily. Se veía tan extrañamente… Preocupada.
-Sí, es que… - no sabía qué contestarle, porque no sabía qué habían arreglado Shane y Alice. Nunca me contaban nada esos dos.
-Fue a buscarme, porque me mudo aquí – contestó Alice sonriendo ampliamente.
-¿Por qué? – preguntó Emily frunciendo el ceño. No le creía. Creo que era la primera persona en la vida que no le creía a Alice. Eso no era normal.
-Porque me ofrecieron un trabajo aquí. Y como el dinero aún no me alcanza para alquilar o comprar una casa propia, Shane me ofreció quedarme aquí un tiempo, hasta que consiga el dinero. Ya sabes, para no perder el empleo – explicó Alice. Y, sabiendo que era una mentira lo que estaba diciendo: se lo creí. Ése era su don.
-Oh… - contestó Emily. – Podrías haberme dicho algo, ¿no, Brendon? – me acusó.
-Es que me acabo de enterar – contesté.
-¿Cómo? Si tú fuiste a buscarla –
-Pero no sabía la razón por la que venía. Sólo sabía que venía – agregué. Estaba demasiado nervioso para mentir bien.
-¿Justo después que discutiéramos sobre V? – inquirió Emily. De repente se había iluminado y me estaba dejando ciego.
-¡Quién quiere ayudar a Alice a preparar la cena! Stephen me enseñó a preparar un platillo que es delicioso – comentó Alice llevándose a Emily de un brazo.
Por suerte esa noche Alice me salvó el pellejo. Pero no sabía qué pasaría los días siguientes.

-Tengo la solución a tus problemas, Brenny-bear – me dijo Alice entrando a mi habitación. O debería decir: “irrumpiendo” en mi habitación.
-Sabes que prefiero que me llames “Boyd” a “Brenny-bear”, ¿verdad? – dije mirándola molesto. Acababa de interrumpirme en medio de una pieza musical. Bueno, bueno, bueno. De acuerdo, sólo estaba tocando algunos acordes en el piano. Pero era mi privacidad.
-¿No me escuchaste? – preguntó Alice desesperada - ¡Tengo la solución a tus problemas! – gritó.
-No grites, recuerda que Emily también vive aquí – le advertí dejando de tocar el piano y sentándome en la orilla de mi cama.
-Se está despidiendo de su amado bajo el umbral – comentó entrelazando sus manos junto a su mejilla izquierda y haciendo ojitos, con cara de idiota.
-Basta de palabrerío, quiero escuchar la solución –
-¿Jon? – preguntamos los dos al mismo tiempo.
Sí, Jon Walker acababa de salir de debajo de mi cama. Una de las cosas más bizarras que jamás haya visto en mi corta vida.
-¿Qué haces aquí Jon? – pregunté.
-Quiero escuchar la teoría de nuestra amiga Alice – contestó sentándose a mi lado.
-Creí que estabas en Chicago – le dije frunciendo el ceño y mirándolo.
-Estaba, pero ahora estoy parando en la casa de Ross – dijo – ¡Cuenta, cuenta! –
-Un minuto – detuve a Alice, que estaba al borde de comenzar a contar su historia - ¿En lo de Ryan? ¿Por qué? –
-Porque su novia se fue de viaje por negocios y no quiere estar solo. Y sí, sonó muy gay – explicó.
-¿Qué hay de tu novia? – pregunté.
-¡¿Por qué tantas preguntas, Urie?! – exclamó Jon frustrado – Está con mi familia en Chicago. ¿Algo más? ¿Quieres una muestra de mi ADN a ver si soy el real Jonathan Jacob Walker? – preguntó levantándose la manga de la remera que llevaba puesta, exponiendo su brazo.
-No te pases de listo, Walker – le contesté – Tengo una última pregunta –
-¡Brendon! – me gritaron los dos.
-¡Les juro que es la última! – me excusé - ¿Cómo entraste? – pregunté realmente intrigado.
-Por la ventana – contestó - ¿Satisfecho? – asentí en respuesta – Bien. Alice, por favor… -
-De acuerdo: yo convenceré a Emily que Toby no es bueno para ella – dijo Alice como si estuviese anunciando un teorema que nos salvaría del calentamiento global.
-¿Quién es Toby? – preguntó Jon.
-El Jardinero – contesté.
-Ah – dijo asintiendo.
-¿Por qué ibas a hacer eso? ¿No es obvio que lo haces por mí? – pregunté dudando de su idea.
-Escucha Brendon: el tipo es una basura. La trata como si fuera un mueble en su casa. O peor. Yo trataba bien a mis muebles… - ya había comenzado a divagar.
-¡Alice! – exclamamos Jon y yo.
-¡No griten! No la merece. Y además: estoy más que segura que la engaña – terminó cruzándose de brazos.
-Alice, estás inventando – le dije volviendo a sentarme en el piano y comenzando a tocar cualquier cosa. De nuevo.
-¡No invento! – exclamó.
-No lo sé… - contesté sin dejar de dudar.
-Bueno, muchachos: fue divertido mientras duró. Pero Ryan debe estar preocupado, no sabe que estoy aquí. Así que… Me largo – anunció Jon – ¡Los quiero! – gritó antes de desaparecer por el pasillo que iba al living.
-Brendon – me dijo Alice acercándose – Tengo razón. Y voy a demostrártelo – susurró en mi oído y me alborotó el pelo.
“¿Por qué todo el mundo hace eso?”, me pregunté. “Tal vez debería cortarme el pelo”, pensé mientras comenzaba a tocar la vieja introducción de “Lying Is The Most Fun A Girl Can Have Without Taking Her Clothes Off”.

CAPITULO 28: “THE SKY IS FALLING OFF THE CEILING”

Ya tenía los ojitos saltones al mejor estilo Tommy & Daly, y ella sólo me miraba con la verdad decodificada en sus ojos.
-De verdad no sé de qué hablas – dije al fin, sin saber qué responderle.
-Violet me lo contó, Brendon. No trates de ocultarlo – anunció Emily, aún sonriéndome.
-¡Ah! De eso- pero me detuve una milésima de segundo antes de morirme ahogado en mi propio charco de barro, y cambié la frase: - … que pasó hace mucho tiempo estabas hablando… - terminé. Creo que iba a ser un error monumental decir “de eso estabas hablando”, ¿no creen?
-Podrías haberme dicho que te gustaba mi amiga. Yo te dije que me gustaba tu amigo… -
-¿Qué? – pregunté confundido. Esta conversación estaba muy por sobre los límites de mi comprensión.
-Podría haberte ayudado con V, si querías – dijo como si viniera a pedir caramelos en Halloween.
Fruncí el ceño sin saber qué decir. ¿Qué tan ciega podía estar una persona como para no darse cuenta que un bobo como yo está enamorado de ella y no de la amiga?
-¿Qué fue exactamente lo que te contó Violet? – pregunté a Emily. Si me había traicionado iba a tener que ir a buscarla a Inglaterra para patearle el trasero.
-Me dijo que se besaron en mi fiesta de cumpleaños, luego que mamá te pidiera que toques la canción de mi padre. Por como ella lo contó, no pareció un suceso importante. Pero cuando lo hablé luego con Alice; las cosas se pintaron distintas – dijo Emily mientras se levantaba.
-¡Traidora! – exclamé en voz baja, pensando en la sonrisa maliciosa que, seguro, Alice esbozó en esa situación.
-¿Qué? – preguntó Emily distraída desde la puerta de la cocina - Voy a servirme un vaso de agua, ¿quieres? – gritó desde la cocina.
-No, gracias – contesté.
Esto se pasaba de los límites. Tenía que hablar con Alice ya. Seguro le había metido una sarta de mentiras en la cabeza a Emily, sin mi consentimiento, y tenía que pagar por eso.
-¿Qué decías? – preguntó cuando volvió con un vaso de agua en las manos.
-Nada. ¿Qué te contó Alice, exactamente? – inquirí, harto de la situación.
Estaba a punto de salir corriendo de mi casa para golpear a Alice hasta la muerte, y llevármela al infierno conmigo.
-Me dijo que antes le habías confesado que te sentías atraído por Violet. Y que buscaste situación tras situación para poder decírselo. – dijo – Eso me dejó algo confundida, porque según V, fue algo de un momento… - se quedó callada por un momento, pero como parecía no haber terminado de exponer su hilo de ideas, la dejé pensar - ¿Cuál es la verdad, Brendon? – preguntó al fin.
“La verdad es que besé a Violet porque sentí el impulso en ese momento. Pero yo te amo a ti y a nadie más”, pensé para mis adentros. Si no lo pensaba, estallaba.
Tomé una gran bocanada de aire.
-La verdad es lo que te contó Violet. Y ahora… Si me disculpas, tengo un lugar a dónde ir… - anuncié antes de ir a mi habitación a cambiarme.
Cuando atravesé la puerta de calle, Emily todavía estaba sentada en el sillón en la misma posición.
Me metí al auto de Shane lo más rápido que pude y conduje hasta Las Vegas, dando gracias a Dios que Shane tenía el trabajo cerca de casa y le gustaba caminar. Eran sólo un par de horas de viaje, volvería a Los Ángeles antes que Shane saliera del trabajo.
Iba a ir directo a la casa de Alice, pero luego recordé que si seguía trabajando en Smoothie House, probablemente todavía estaría allí.
“Más te vale seguir trabajando ahí, Alice”, pensé.
Estacioné el auto de la manera menos convencional vista en el mundo, en la puerta de Smoothie House. Entré volando como una flecha y la ví allí: parada en la barra como siempre, jactándose de algún cliente. Haley estaba ahí también, pero atendiendo una mesa.
-¿Qué crees que hiciste? – le pregunté dándola vuelta al acercarme.
-¡Boyd! ¡Qué sorpresa! – exclamó ella, feliz de seguir viviendo.
-No hay “Boyd” que valga la pena, maldita mentirosa, ¿qué crees que hacías diciéndole a Emily que estoy enamorado de Violet? – inquirí. Las palabras se me escapaban de la boca atropelladamente y casi en un susurro inaudible.
-Ah, ¿eso? Fue sólo por diversión. Vamos Brendon no fue para tanto… - dijo restándole demasiada importancia.
-Es divertido sólo para ti – dije antes de dar media vuelta y encaminarme hacia el auto.
-Espera, ¡Brendon! – escuché que dijo Alice.
-Hey niña, ¿a dónde vas? – la voz de Stephen me hizo sentirme pequeño de nuevo.
-A cazar zarigüeyas, ¿no ves que persigo a Urie? – gritó Alice.
Alice se lanzó contra la ventana del acompañante en cuanto encendí el auto.
-¿A dónde crees que vas? – su voz se oía como dentro de una caja desde el interior del auto.
-¡Lejos de ti! – le grité.
Pero como Alice siempre había sido más inteligente que yo, accionó la puerta. Y sí, yo nunca le puse la traba. Y sí, se metió en el auto.
-No puedes enojarte así – me dijo.
Me quedé mirándola sin responderle nada.
-De acuerdo, estuve mal. ¿Entonces qué? De todos modos Emily no iba darse cuenta que la amas. Tal vez hasta hubiese llegado a la otra conclusión solita – dijo.
Suspiré mirando para otro lado. No tenía sentido haber venido hasta aquí. Quiero decir: hacer sentir a Alice culpable no iba a cambiar lo que ya había dicho, ni lo que Emily pensaba sobre mí.
-Brendon, Emily puede ser la persona más despistada sobre la faz de la Tierra. Pero si tú no te propones decirle pronto lo que sientes por ella, vas a perderla para siempre – pude sentir el tono de angustia en su voz.
-Ya la perdí de todos modos. No sé para qué vine aquí – dije pasándome ambas manos por el cabello.
-¿Cómo? – preguntó Alice más tranquila.
-Está saliendo con alguien. Nunca fue mía y nunca lo será – constaté. Decirlo en voz alta me hizo darme cuenta de lo terriblemente cierto que era eso. Jamás podría llamarla “mía”. Y lo que Alice había dicho o hecho no tenía nada que ver. Era pura y exclusivamente mi culpa. Toda-mi-culpa.
-Brendon, no digas eso… - Alice tomó mi mano derecha y la apretó con fuerza.
-Gracias por el apoyo Alice, pero no hace falta que me mientas a mí – le dije sin retirar mi mano de las suyas.
-¿Qué puedo hacer para ayudarte entonces, amigo? –preguntó sonriendo.
La miré a los ojos por primera vez dentro del auto. De verdad me estaba ofreciendo su ayuda. Tenía muchas ganas de abrazarla por un lado, y pincharle los ojos por el otro.
-No puedes hacer nada, ahora vivo en Los Ángeles – comenté.
-Ya lo sé. Emily me comentó que iría a vivir con Shane allí – dijo Alice.
-Sí, está viviendo con nosotros –
-¿Sigues viviendo con Shane? Espera: ¡¿Emily está viviendo contigo?! – preguntó extasiada de alegría.
-¿Por qué siento que acabas de iluminarte? – pregunté con miedo.
-Que te parece, si me mudo con ustedes – dijo sonriendo.
-Alice, nuestra casa no es un hotel. Además, ¿Cómo podrías ayudar? – pregunté. Realmente no lo sabía.
-Podría ayudar en muchas cosas en la casa. Y conseguirme otro trabajo allí, y vivir con ustedes con la excusa de no tener otro lugar a donde ir hasta que tenga suficiente dinero… -
-Lo tenías todo pensado desde antes, ¿no? – pregunté con media sonrisa en el rostro. Sorprendido de lo rápido que procesaba las ideas.
-No. Pero no soy sólo sarcasmo y maldad, Boyd – dijo, ahora sí, soltándome la mano.
-De acuerdo, pero tengo que preguntarle a Shane primero. – le advertí.
-Ay, yo me encargaré de eso… - me dijo rechazando mi comentario con un gesto de la mano.
-No puedo creer que estemos haciendo esto – dije por lo bajo antes de arrancar.
¿De verdad estaba haciendo eso? No me lo creo ni yo…

CAPITULO 27: “IT’S USELESS SEARCHING IN THE CUPBOARDS WHEN EVERYTHING YOU HAVE IS ON YOUR BACK”

Al otro día, el desayuno fue demasiado silencioso para mi gusto. Y no era precisamente el silencio de estupor por habernos recién levantado, sino que era ese silencio incómodo, cuando todos saben que algo anda mal.
-¿Tienes que ir a trabajar hoy? – pregunté a nadie en especial. En verdad, mi pregunta iba dirigida a Emily, pero traté de figurar que era para ambos.
-Sí – contestó Shane serio. Nunca había visto a Shane molesto antes. No sabía cómo tratar con él.
-Yo empiezo la semana que viene – contestó Emily sin levantar la vista de su cereal.
-Ah… - dije, como para no quedarme en silencio.
-Tal vez debería buscarme otro lugar para… - “vivir” era la palabra que seguía, pero Emily se fue desinflando mientras la oración avanzaba, terminando sólo con el movimiento de su boca, sin pronunciar palabra.
Miré a Shane en busca de una respuesta. La situación era demasiado incómoda para ser real. Me sentía como dentro de una de esas películas baratas de adolescentes. Era horrible.
-No seas ridícula – le contestó Shane levantándose – No tienes otro lugar a dónde ir, y no voy a dejarte ir con alguien que no sea de confianza – para cuando terminó su frase ya estaba en la cocina.
Emily no contestó nada, sólo se quedó allí sentada. Como ya había terminado mi desayuno, me levanté a lavar lo que había usado.
-Deja, yo lo lavo – le dije a Emily en cuanto se acercó con sus cosas para lavar.
Simplemente las dejó al lado del lavabo y se fue.
-¡Gracias! – me contesté a mí mismo – De nada. Ay, Brendon eres una dulzura… -
-Deja de hablar solo – me dijo Shane alborotándome el pelo.
-¡Hey, déjame expresarme con libertad! Estoy en mi propia casa – contesté sonriendo. Al menos él no estaba enfadado conmigo.
-Claro, ahora sí puedes llamarla “tu casa” – me dijo mientras buscaba algo en la heladera.
-¿Estás enojado con Emily? – pregunté luego de un rato, cerrando la canilla.
-No. No estoy enojado con ella. Estoy enojado con su actitud. Y no me malentiendas, no quiero que se disculpe, sólo que no se enoje. Porque después de todo fue sólo una opinión… - dijo shane mientras sacaba una manzana de la heladera.
-Tal vez ella reaccionó así, porque de verdad lo quiere – contesté.
-Si cualquiera de ustedes cuatro hubiese hecho un berrinche por cada mala crítica, ¿dónde crees que estarían? – me preguntó Shane.
-La situación es diferente. Nosotros siempre fuimos un grupo, ella ayer estaba sola – contesté iluminándome de pronto.
-Tal vez tengas razón. De todos modos, yo creo que no fue para tanto lo que dijimos ayer… - agregó Shane yéndose hacia la puerta de calle.
-Recuerda quién se lo dijo – agregué siguiéndolo.
Él se detuvo.
-Claro – contestó.
-Ryan – dijimos los dos al mismo tiempo.
-¿Crees que siga sintiendo algo por él? – preguntó Shane.
-No lo sé – contesté dubitativo – Pero de todos modos tiene novio, ¿no? Quiero decir, ya está todo perdido – dije sonriendo amargamente.
-Nunca todo está perdido – me dijo Shane apoyándome una pesada mano en mi hombro izquierdo. – Nos vemos más tarde, Brendon. – dijo antes de irse.
Me quedé mirando la puerta de calle cerrada sin pensar en nada.
-Ya no me gusta Ryan, Brendon… - dijo la voz de Emily.
Volteé para encontrármela sentada en el sillón.
-¿Estabas escuchando? Eso es de mala educación, ¿qué les enseñan en la Universidad? – pregunté frunciendo el ceño y cruzándome de brazos dramáticamente.
Ella sonrió profundamente.
Caminé hasta el sillón y me senté a su lado.
-Sabes que no tienes que tomar muy en serio todo lo que diga Ryan, ¿verdad? – pregunté mirándola a los ojos.
-¿Estás diciendo que Ryan miente? – preguntó aún sonriendo.
-No, pero él habla de una manera medio rara. Habla con metáforas, todo lo que dice tiene un significado oculto que para muchos no tiene sentido – contesté.
-Creo que me mareé – me dijo frunciendo ligeramente el ceño.
Sonreí.
-Lo que quiero decir es: si de verdad quieres algo nunca dejes que alguien te convenza de lo contrario – anuncié. Y no sé de dónde salió eso.
-Wow… Qué profundo, Urie – dijo mirando hacia abajo.
Y así nos quedamos por unos cuantos segundos. ¿O fueron minutos? El tiempo pasaba tan rápido cuando estaba con ella.
-¿Sabes? Realmente extrañaba esto – dijo suspirando sin dejar de mirar sus manos, que había juntado en su regazo.
-¿Qué cosa? ¿Discutir? – pregunté confundido. No veía a dónde se dirigía.
-No, tonto – dijo soltando una risita corta – Escuchar tus conjeturas, y pasar tiempo contigo –
Aún no me miraba, así que dije:
-¡Oh! Todo el mundo dice lo mismo –
-¡Brendon! No seas mentiroso – exclamó mirándome.
Y sí, lo había logrado. Punto para Brendon. ¿Cómo te quedó la flor, Jardinero?
-Brendon no miente – anuncié levantando mi mano derecha con el dedo índice extendido.
Emily se quedó mirándome con su mejor expresión de: “¿A quién intentas engañar?”.
-¡No miento! – me defendí, esta vez de verdad.
-¿Ocultar cosas no es mentir? – preguntó mirándome con sus ojos verdes directo a mis ojotes de dibujito animado.
-No…? – contesté dubitativo – No es lo mismo. Además ¿alguna vez te oculté algo a tí? – pregunté realmente dudando si alguna vez le había ocultado algo.
O sea: sí le había ocultado algo, es más aún se lo ocultaba. Pero por esa razón ella no sabía nada sobre eso. Quiero decir: ¿cómo se suponía que supiera que lo estaba ocultando cuando ni siquiera sabía de su existencia? Me estaba poniendo nervioso, y ella no contestaba. No ayudaba en nada.
-Me ocultaste que sabías que me gustaba Ryan. Y que Shane sabía – comenzó.
-De hecho, no sabía que Shane sabía. Y te dije lo de Ryan, al final – me defendí, una vez más.
-Y me ocultaste algo más. Y lo sigues haciendo – dijo sonriendo con media sonrisa.
-¿De qué hablas? – pregunté nervioso. Mucho.
-Sí sabes de lo que hablo, Brendon. ¡Vamos! ¿Por qué nunca me lo dijiste? – preguntó sonriendo tiernamente.
¿Qué significaba esto? ¿Se había dado cuenta que la amaba? ¿Había notado que estaba enamorado de ella? ¿Era tan endemoniadamente obvio? Las dudas me estaban carcomiendo lo poco del cerebro que no me habían carcomido las caricaturas y los dulces.

CAPITULO 26: “THE EVENING IN THE BACKDOOR FILLED THE ROOM CEILING TO THE FLOOR”

-Me enteré de las malas noticias – fue lo primero que dijo Ryan al entrar.
-¿Qué? – pregunté mientras abría un poco más la puerta para que pasase el resto.
-Viejo, debes estar muy dolido –
-Chicos, dejen de molestarlo – Spencer salió en mi salvación.
Sabía a qué se referían, pero prefería pretender que no.
Habían pasado sólo dos días desde la llegada de Emily a nuestro humilde hogar, y ya teníamos a toda la banda molestando en casa. Por si les carcome la curiosidad, Emily no había tenido tiempo de traer al jardinero por estos lugares. Sobre todo porque no teníamos jardín. Pero Emily explicó algo como: “está con mucho trabajo ahora y no puede venir a conocerlos. Aunque espera hacerlo pronto.” Lo positivo de esto era que yo sabía, no muy en el fondo, que el sentimiento no era mutuo. Shane actuaba como si El Jardinero Sin Nombre fuera lo mejor que le pasó en la vida, a Emily, claro. Y aún no comprendo por qué.
-¿Por qué la alientas diciéndole que parece un gran chico? ¿Para qué banda tocas, Shane? – pregunté el mismo día de la llegada de Emily, por la tarde.
Estábamos los tres tomando café en el living. Shane y yo nos habíamos quedado solos porque Emily había ido a buscar más café para Shane.
-Toco en tu banda, Brendon. Pero debes entender que ella necesita que nosotros estemos de su lado… - explicó Shane. Aunque no me aclaró nada.
-¿Quién está en su contra? – alcancé a preguntar antes que Emily volviera.
-Entonces, como les decía. Estaba muy aburrida en una de esas fiestas entre fraternidades, y él se me acercó. Nos quedamos hablando toda la noche… Fue algo tierno – comentó sonriendo. Poniendo esa cara que solía poner cuando miraba a Ryan. La cara que pondría cualquier niño al ingresar a Honeyduckes®.
-Aún no nos has dicho su nombre… - comentó Shane dándole un sorbo a su café.
-Su nombre es Toby – contestó, y no pude evitar sonreírme.
En realidad lo que hice fue ahogar una risotada.
-¿De qué te ríes, Brendon? – preguntó Emily mirándome con una ceja alzada.
-Nada, es sólo que… Es un nombre algo tonto…- dije atajándome a las consecuencias, quiero decir, a los golpes.
-Mira quién habla, Boyd –
-Toby realmente es nombre de idiota, estuviste muy suave con “tonto” – dijo Ryan en cuanto les conté.
-¿Por qué suena tan a tonto? – pregunté Spencer rascándose la barba. Sí, Spencer se había dejado crecer la barba. También Jon.
-Te suena más tonto que cualquier otro nombre sobre la tierra por la existencia de Toby Mcguire… - contestó Jon.
-¿Y ese? – preguntó Spencer.
-¡Spencer! – le gritamos los tres.
-¿Qué? – preguntó él asustado.
-Es Spiderman – contestamos los tres juntos, de nuevo.
-Ja, ahora todo me cierra – comentó Spencer.
-Tengo noticias para ti, Brendon – me dijo Emily correteando en mi dirección.
Detrás de ella pude ver que Shane modulaba un “lo siento” con el arrepentimiento brillando en sus ojos. Fruncí el ceño ante su expresión, pero Emily no lo notó, al parecer.
-Tal vez Toby pueda venir hoy – si hubiese sido cualquier persona menos ella la que hubiese estado delante de mí, la habría golpeado sin pensarlo dos veces.
-¡Qué felicidad! – mentí.
De todos modos, cuando Emily pensaba en “Su Jardinero”, no se enteraba de nada de lo que pasara a su alrededor.
Ella se fue hacia la cocina porque estaba preparando el almuerzo para todos. No había dejado hacer nada a Shane, ya que ella estaba viviendo “gratis” en nuestra casa. Digo a Shane porque yo no hago mucho. Es una reacción en cadena: Shane no me deja hacer a mí, Emily no lo deja hacer a Shane…
-Fue mi idea, no lo pensé… Brendon… ¿Vas a golpearme? – preguntó Shane cerrando con fuerza sus ojos.
Suspiré profundamente y le dije:
-No te preocupes, Shane. Ella está con él de todos modos. Verlo o no verlo no cambia mi situación de desventaja… -
-Ella sabe, ¿verdad? – me preguntó Spencer.
-¿Qué cosa? – pregunté yo. No voy a mentirles: ahora sí estaba perdido.
-Que tú… Que te gusta desde… ¿Siempre? – repreguntó Spencer.
-No – contestó Shane antes de dejarme inventar una muy buena excusa. O mentira.
-¿Cómo que no? – exclamó Ryan, tal vez más alto de lo que a nosotros nos hubiese gustado.
-¡Shush! – le gritamos todos. Incluso Jon, que no sabía la mitad de la historia.
-Pero si tu me dijiste que el día que se despidieron le habías dicho – dijo Ryan totalmente decepcionado de mí.
-Supongo que mentí – no tenía ganas de luchar contra Ryan. De todos modos tenía razón.
-¿Por qué? – cuestionó Jon.
-¡Shane! ¿Te das cuenta el lío que acabas de armarme por decir sólo “no”? – lo incriminé.
-No me eches la culpa de tus actos, Urie – Shane se levantó y se dirigió a la cocina, donde Emily estaba tarareando una canción nuestra mientras servía la comida.
-Shane, no te enojes conmigo… - traté, pero ya se había ido – Mentí para que no me molesten, ¿de acuerdo? – agregué acercándome a la mesa, donde Shane y Emily estaban llevando los platos con comida.
Al rato se nos unieron los otros tres.
El almuerzo fue normal, tirando a muy silencioso. Al menos para lo que solíamos ser nosotros cuatro. Shane y Emily se hacían rancho aparte para hablar de fotografía, mientras Spencer, Jon y yo hablamos de cualquier cosa. Ryan estaba en medio de los dos mundos; diciendo algo por aquí y luego algo por allá. Siempre me había sorprendido su capacidad para estar “presente” en dos conversaciones diferentes.
Para cuando la tensión se calmó y volvimos a la normalidad, eran cerca de las seis de la tarde. La luz naranja del sol se filtraba por nuestros ventanales del living (de verdad Shane tenía ojo para estas cosas). Nos llegaba un calor acogedor, y estábamos hablando de nada y riéndonos de cualquier cosa. Y entonces… Sonó el timbre.
Emily soltó un gritito de alegría y salió corriendo hacia la puerta. Lo que significaba que lo más seguro fuera El Jardinero. Hay gente que puede oler el chocolate a varias cuadras. Tal vez ella podía oler a su Jardinero desde el living si él estaba en la puerta.
-Chicos, él es Toby. Toby: Spencer, Ryan, Jon. – dijo señalando a cada uno mientras decía sus nombres - Shane y Brendon, los dueños de casa – agregó señalándonos a nosotros dos.
Todos lo saludamos con la mano, y Ryan dijo: “buenas tardes”. Siempre tan sofisticado.
Toby era… tan… plástico. Para ser un paisajista se preocupaba demasiado por su imagen. Y se los está diciendo alguien que trabaja en el rubro de la música (la imagen lo es todo). Tenía clavada una sonrisa en la cara, que en el fondo decía: “no quiero estar aquí”. Y esa postura: Emily estaba agarrada de su brazo mientras él guardaba sus manos en los bolsillos del pantalón. Totalmente grosero.
Emily lo llevó con ella y se sentaron juntos en un sillón de un cuerpo.
-Entonces ¿Panic At The Disco, eh? – comentó… Toby.
Todos asentimos sin saber qué decir.
-Oí que son famosos, ¿es cierto? ¿O es que a Emily le gusta exagerar? – preguntó con su sonrisa falsa.
Emily lo golpeó suavemente, con media sonrisa en el rostro. Pero nosotros cinco (contando a Shane) nos miramos con la misma pregunta grabada en el rostro: “¿cuál-es-su-problema?”.
-Aún estamos creciendo – dijo Ryan. El único que pudo decir algo amable respecto de su comentario.
-Musicalmente, quieres decir – dijo Toby apartando el brazo que Emily acaba de pasarle sobre los hombros, y echándose hacia delante.
-Como personas también, no somos tan grandes – Ryan estaba comenzando a perder el hilo de su paciencia. Quiero decir: acababa de llamarnos “viejos”.
-Oh… Creí que algunos de ustedes ya llegaban a los treinta – dijo frunciendo el ceño.
-Entonces tú deberías estar por el medio siglo – comentó Jon por lo bajo, haciéndome reír.
Emily me miró con ojos asesinos y las mandíbulas apretadas.
-Claro, por nuestra carrera cualquiera pensaría que andamos por esas edades – comencé con mi sonrisa de triunfo dibujada – Pero es que empezamos de muy jóvenes. Spencer aún no había cumplido dieciséis cuando escribieron la primera canción –
La cara de Toby lo dijo todo. Estaba enojado por la mera realidad.
-¿Y todos terminaron sus estudios? – preguntó tratando de parecer amable.
-Sí, claro – contestó Spencer.
Y así siguieron sus preguntas estúpidas sobre la banda. Emily parecía alabarle todo, pero yo sé que si no hubiese sido su novio quien las formulaba, estaría peleándose con esa persona. Preguntas totalmente estúpidas y que habíamos respondido millones de veces como: “¿Por qué el nombre?”, “¿Las historias de las canciones son reales?”.
“¿A quién le importa?”, me pregunté una y otra vez. Y al parecer Ryan se preguntaba lo mismo.
-Será mejor que nos busques en Wikipedia – le dijo Ryan una vez que el sol había caído – Porque nos tenemos que ir… Además, allí vas a encontrar información más interesante. No necesariamente cierta, pero interesante al fin… -
-Será mejor que yo me vaya también – contestó Toby ignorando el sarcasmo de Ryan.
-¿Ya te vas? – preguntó Emily entristecida.
-Sí, paso por el baño y me voy, tengo trabajo mañana - agregó levantándose del sillón.
-Para allá – le señaló Emily por dónde estaba el baño.
Ryan tuvo la decencia de esperar a que desapareciera por la esquina para estallar.
-¡¿Con qué clase de imbécil te has metido?! – le preguntó a Emily, estirándose (todo lo largo que era) desde su lugar, sentado en el sillón entre Spencer y Jon.
-¿Qué quieres decir? – preguntó Emily mirando hacia el lugar por dónde había desaparecido El Jardinero.
-¿Dónde estabas durante el cuestionario? – se sorprendió Ryan.
-Hey… - dijo Spencer calmando un poco a su amigo – Ryan tiene un punto: ¿te hizo todas esas preguntas a ti también? –
-¿Qué hay si le gusta saber sobre las personas con las que habla? – lo defendió Emily.
-Claro, es genial: “¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Puedo tomar una muestra de tu sangre?” – dijo Ryan poniendo caras, haciendo muecas – Es de lo más romántico… -
-Al menos no sale con la primera que se le cruza – espetó Emily.
Todos nos quedamos en silencio, esperando la reacción de Ryan.
-No vine aquí a ser insultado – dijo levantándose.
Shane le fue atrás para abrirle la puerta. Spencer y Jon se despidieron de nosotros y se fueron también.
-Es una mala chica… – me dijo Jon en voz baja, bromeando.
Luego se fue El Jardinero, y nos quedamos de nuevo nosotros tres solos.
-Fuiste algo dura con Ryan – dijo Shane durante la cena.
Era el primero en hablar desde la partida de Toby.
-¿No escuchaste lo que él dijo? Y ninguno de ustedes dos dijo nada a mi favor – se quejó.
Shane y yo miramos automáticamente nuestros platos.
-¿Acaso concuerdan con Ryan? – preguntó dejando el tenedor lleno de comida que acababa de levantar, sobre el plato.
Miré a Shane en busca de ayuda.
-No exactamente en las palabras de Ryan, pero… - Shane todavía estaba hilando la idea en su mente cuando Emily se levantó bruscamente.
-No necesitaba esto de ustedes – dijo sin mirarnos, y se marchó.
Nos miramos con Shane y ambos suspiramos rendidos.
-Genial – dijimos a la vez.

CAPITULO 25: “GRAB YOUR HAT AND FETCH A CAMERA”

Eran poco más de las ocho. No entendía qué hacía despierto yo a esa hora, pero lo estaba. De hecho, me encontraba en pijama estirado a lo largo del sillón, comiendo torpemente un cuenco de cereales, mientras miraba sin prestar atención un programa en la televisión. Shane se había ido, y no había dejado ninguna nota; algo muy raro en él. Pero me había acostumbrado a estar sin Shane en la casa; desde que vivíamos en Los Ángeles se la pasaba afuera. Regs tampoco estaba, pero ella se encontraba trabajando. Así que éramos Dylan y yo.
Me miraba con cara de cachorro abandonado desde su posición: sentada en el suelo.
-Deja de intentarlo, no va a funcionar – le dije sin sacarle los ojos de encima al televisor. Pero su respuesta fue apoyar una de sus mugrositas patitas encima del sillón y largar un llantito que venía de lo profundo de su garganta.
-Siempre lo mismo contigo – le dije dejándole un espacio en el sillón para que se acueste junto a mí.
Dylan se subió nomás al sillón, pero como el espacio que le había dejado era algo pequeño para ella, no dudó ni un segundo en acostarse sobre mi estómago.
No iba a luchar, no tenía la fuerza.
Me estaba llevando una cuchara colmada de cereal a la boca cuando la puerta se abrió bruscamente. Y cuando digo “bruscamente”, quiero decir que creí que era la policía.
-¡No puedo creer que no me reconocieras! – exclamó una chica desde el umbral de la puerta, mirándome.
Yo, a todo esto, me había caído del sillón, había derramado cereales con leche por toda la alfombra, y tenía una taquicardia que pensé que iba a infartarme.
-¿De qué hablas y quién eres? – pregunté desde el suelo. Dylan había comenzado a comerse el cereal caído.
-Hablo de ayer, y no se pregunta quién eres, Boyd – dijo la chica ingresando a la casa. Estaba vestida de lo más relajada, con un pantalón de jogging, una remera de manga corta lisa, y zapatillas. Llevaba el pelo atado en una cola de caballo y entró como si la casa fuera de ella.
-¿Cómo sabes ese nombre? – dije poniéndome de pie, ella ya estaba a dos pasos de mí.
-¿Todavía no me reconoces? – preguntó preocupada. Ya me estaba dando miedo.
-¿De… debería? No lo sé, estoy dormido… - contesté rascándome la cabeza. Yo estaba muy conciente que siempre era despistado, pero ¿olvidar una persona? No lo creía posible.
-Soy Emily… Emily Williams, ¿la idiota que no sabía quién era el Profesor X? – preguntó señalándose.
-No – contesté sin poder creerlo – Tu no eres… Ella era… Tu… Emily… Estás tan crecida – comenté frunciendo el ceño. En realidad se me escapó.
-¡Brendon! – gritó mirando hacia otro lado y cruzándose de brazos.
-Lo siento es que… No esperaba encontrar tantos cambios. Sólo han pasado dos años… - dije. Sí, no paraba de decir estupideces, pero por suerte ella ignoró a qué me refería.
-¿Sólo dos años? ¡No tienes idea cómo los sufrí! Te necesité tanto… - dijo rodeándome el torso con sus brazos.
Mi corazón había comenzado a latir tan o más rápido que la primera vez que la vi. La abracé torpemente, aún sorprendido que ella estuviese ahí, que fuera real.
-¿Qué te trae por…? Aguarda – dije cayendo en la cuenta - ¿Ayer eras tú? – pregunté alejándome un poco para poder mirarla a los ojos.
Definitivamente aquella era mi Emily. Mi Emily de ojos verdes casi transparentes, mi Emily con pecas en el rostro.
Ella asintió una vez.
-Puedo jurar que la chica con la que hablé ayer-
-¿Era linda? – me interrumpió.
-Iba a decir que tenía ojos celestes, pero si lo quieres poner de esa manera… - bromeé.
-Eran las luces… Shane me dijo lo mismo – contestó rompiendo el abrazo.
-¿Shane sabía que habías vuelto? – inquirí.
-Sí, les conté a él y a Alice, nomás – contestó acercándose a la puerta, que había dejado abierta.
-Alice… - murmuré por lo bajo.
Esa maldita entrometida nunca hacía nada en mi favor. A Shane se lo perdonaba, pero ¿Alice? Ella me podría haber contado que Emily andaba por la ciudad. No, no, no. Esto no terminaría así…
-¿Shane, te encuentras bien? – preguntó asomándose por la puerta.
¡Dios! Era hermosa…
-¡Creo… que acabo… de… herniarme…! – escuché que dijo la voz de Shane a las afueras de la casa.
-Brendon… ¿Podrías ayudar a Shane? – preguntó Emily - ¿Por favor? –
-Claro – contesté sin pensarlo demasiado.
Salí de la casa y me encontré con un Shane luchando por su vida entre tres valijas de tamaño familiar.
-Brendon, ¿eres tú? – preguntó un desesperado Shane a través del montón de valijas.
-Sí, vengo en son de paz. Sólo a ayudarte – comenté quitándole una valija de encima.
-Gracias – dijo dando un profundo suspiro.
Cada uno tomó una valija y compartimos la otra. Eran pesadas, parecía que llevaba gente muerta dentro.
-¿Por qué no me dijiste que había vuelto? – le pregunté a Shane en voz muy baja.
-Porque quería que sea una sorpresa – contestó con el mismo tono.
-Quedé como un idiota… - le incriminé.
-No es mi problema –
-Si me hubieses dicho, ¿a quién lastimabas? –
-Deja de llorar Brendon, ya estás grandecito –
-Siempre lo mismo contigo, tu vas y-
-¿Qué tanto discuten ustedes dos? – preguntó Emily cerrando la puerta una vez que entramos todo.
-Nada – contestamos los dos a la vez.
-¿Por qué las valijas? – pregunté, de pronto dándome cuenta que estaban allí por alguna razón más que simplemente estar allí.
-Me mudo con ustedes – contestó Emily como quién dice “en dos semanas es mi cumpleaños”.
-¿Qué? ¿Por qué? – pregunté.
-Mi madre pensó que era la mejor opción – comenzó Emily.
-Y no me opongo – dije muy, muy por lo bajo. Me escuchó sólo Shane, y tal vez Dylan que me miró con cara de “¿a que no te atreves a decírselo a ella?”.
-Mi hermano Charlie, ¿recuerdas? ¿El artista? Vive aquí, pero por unos meses se fue de viaje a Sudamérica, más específicamente a Argentina y Chile, dicen que tienen los mejores paisajes allí. – comentó al pasar – Y no me dejó vivir en su casa, tenía miedo que estuviera hecha añicos para cuando volviese – dijo poniendo los ojos en blanco.
-Y no lo culpo – dije. Esta vez en voz audible para todos.
-¡Yo no soy así! Bueno, tal vez un poco, pero no si me piden que no destroce nada… - se defendió Emily. – Además-
-Bueno, bueno… Sigue con la historia – la instó Shane.
-De acuerdo. Mi padre está en otra de sus giras con la Orquesta, y esta vez mi hermanito estará tocando con él. – dijo muy orgullosa.
-¡Eso es excelente! – exclamé, recordando que el hermanito de Emily tendría más o menos once años para esta altura. Sería una gran experiencia para él.
-Sí, deben estar por Asia ahora, y mi madre se fue con ellos. Así que me dejaron solita. – continuó – Planeaba quedarme con mi novio y su familia, pero a mi madre no le gustó nada la idea, así que recurrí a mi buen amigo Shane. – terminó.
-¿No… novio? – pregunté tratando de sonar despreocupado.
-Sí, nos conocimos en la universidad, él es paisajista – anunció.
“¿Paisajista?”, pensé confundido. “¿Qué significa eso? ¿Es mejor que yo en algún sentido? Bueno, al menos su madre me prefirió a mí que a él. Aunque probablemente sea porque entre Emily y yo jamás pasará nada…” Estaba absorto en mis pensamientos cuando Shane me sacó del fondo del abismo.
-No le des más vueltas al asunto, ella se quedará aquí por tres meses – dijo Shane – Hasta que vuelva tu hermano Charlie, ¿verdad? – preguntó corroborando.
-Síp. – contestó ella alegre.
-Fenomenal – comenté. Toda la felicidad de tenerla viviendo cerca de mí se había esfumado al escuchar las palabras “mi” y “novio” salir de la boca de la chica que amaba.
-¿Y qué hace un paisajista? – pregunté.
-Diseña paisajes, como jardines, o cosas por el estilo – me explicó Shane.
-¿O sea que básicamente es un jardinero? – estaba realmente confundido.
-No, Brendon. Es mucho más que un jardinero – contestó Emily molesta.
-Lo siento – dije agitando mis manos en el aire mientras Emily comenzaba a desempacar algunas cosas.
-Quédate tranquilo Brendon, es cosa de un par de meses – me dijo Shane. Y los dos sabíamos que no hablaba de la estadía de Emily, sino de su noviazgo con el jardinero.
-O menos, los accidentes ocurren – comenté en voz baja.
-¡Ni se te ocurra! – me advirtió Shane muy paternalmente.
-Amigo, soy músico, no novelista… - le dije dándole unas palmaditas en el hombro.
-Ya le hice una copia de la llave – dijo Shane hablando de Emily – Así no nos molesta tocando el timbre – agregó. Hizo una pausa y continuó: - Y le advierto señorita, que el hecho que su madre no esté aquí no quiere decir que tiene libre albedrío para todo. Prometí a tu madre devolverte sana, salva, y no embarazada. – le dijo amenazándola con el dedo índice.
-¡Shane! – se quejó ella.
-No hay “Shanes” que valgan…. – agregó.
Genial: se me venían tres meses encima de nada qué hacer, más que mirar cómo Emily andaba por ahí pegoteándose con su nuevo novio El Jardinero. No había más gira, no había estudio, no había nada. Iban a ser los mejores tres meses de mi vida…